Mañana es 28 de febrero. Día de Andalucía. Pero este año diría que no tenemos nada que celebrar.

El 28F está reconocido en el Estatuto de Andalucía como el día oficial de nuestra comunidad, que conmemora aquel referéndum autonómico que el pueblo andaluz le ganó al centralismo. Un pueblo valiente. Que se echó a las calles para reclamar algo tan simple como la dignidad, pero también autonomía, soberanía, libertad, y muchos valores que hoy, nuestra comunidad, desprecia.

Se me antoja complicado continuar celebrando un día de Andalucía bajo molletes de aceite y azúcar, himnos tocados con la flauta y muchos memes en internet. 

Yo mismo fui uno de esos niños y adolescentes que enloquecía gritando el himno de nuestra tierra, algo que todavía hago sin pudor, y al que le encanta cualquier referencia folclórica e identitaria que ponga en valor nuestros orígenes.

Pero no tenemos nada que celebrar porque actualmente somos un destello de eso que dicen que fuimos. Un pueblo, una comunidad, que arrastra la decadencia de una sociedad global que agoniza, pero que especialmente aniquila a Andalucía.

Estoy cansado, sinceramente, de que regalemos nuestro día a cualquiera que se enfunda la bandera pero que el máximo homenaje que rinde a Blas Infante es colocarlo en una estantería bajo llave para no hablar de él.

Cansado, de que nuestro pueblo haya olvidado que Andalucía fue un territorio revolucionario desde el SXIX, apagado por una *casta, social y política*, que todavía continúa decidiendo por nosotros.

El legado de nuestros intelectuales, nuestros mártires, pisoteado por la propia administración que nos gobierna. 

Unos premios que dicen ser andaluces pero que están manchados por los intereses políticos y que por mucho verde que pueda existir en la gala, no habla de la pujante escena cultural eminentemente andaluza.

Una administración que criminaliza la pobreza, que privatiza los servicios públicos, que fomenta la formación profesional privada por encima de la pública ¿Cuál es el futuro de nuestros jóvenes? Que su política cultural es revivir la tauromaquia y entretenernos con Bertín Osborne y su cuadrilla.

Mientras que los andaluces sigan considerando que esto es Andalucía, levantarse será en vano.

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