Si el asalto a Génova comandado por Alberto Núñez Feijóo saliera mal, nunca habría pruebas fehacientes de que Moreno había participado activamente en la operación para defenestrar a Pablo Casado.

En esta gravísima crisis del Partido Popular, cuyo primer damnificado colateral puede ser Juan Manuel Moreno porque las siguientes elecciones son las andaluzas, es particularmente llamativo que el inquilino de San Telmo no haya dicho ni una palabra hasta que todo estaba prácticamente hecho. De sus labios no ha salido ni una crítica a Casado, ni un reproche por el disparate de adelantar las elecciones de Castilla y León, ni una recriminación por la gestión de un enfrentamiento con Ayuso que nunca fue ideológico o político sino personal.

Ha habido que esperar hasta este martes 22 de febrero, cuando ya Casado tenía las horas contadas, para escuchar un pronunciamiento oficial inequívoco del Partido Popular de Andalucía. Y lo ha hecho no el presidente del partido, sino el habitualmente invisible portavoz, Ramón Fernández-Pacheco, que ha pedido la convocatoria de un congreso extraordinario.

El gallego Alberto Núñez Feijóo ha hablado, para cuestionar el liderazgo de Casado y mostrarle la puerta de salida; Feijóo es hoy la gran esperanza blanca del PP y ha actuado como tal.

El castellano Alfonso Fernández Mañueco ha hablado, también para pedirle cuentas a Casado, que es quien lo ha metido en el lío en que ahora está, con Vox llamando estruendosamente a la puerta del antiguo Colegio de la Asunción, sede de la Presidencia castellanoleonesa.

Aunque más tardíamente, también se ha posicionado públicamente el presidente de Murcia, Juan Jesús Vivas, que anoche publicó este mensaje en su cuenta oficial de Twitter: "Comparto la posición de Feijoo reclamando decisiones urgentes para que se cierre cuanto antes la crisis del PP".

El murciano Fernando López Miras, compadre del secretario general Teodoro García Egea, también ha hablado: primero para alinearse con el Pablo Casado para, 24 horas después, pedir él también un congreso extraordinario. Miras y Egea comparten un cierto aire de familia, se adivina en ellos un cinismo vago e inconcreto pero reconocible, un desahogo que ni siquiera se toma la molestia en esconder su vecindad con la desvergüenza. Muy lejos, por cierto, del estilo respetuoso y mesurado del presidente andaluz.

Salvo Moreno, todos los presidentes autonómicos del Partido Popular han hablado. Se diría que no podían no hablar, teniendo en cuenta la envergadura pavorosa de la crisis que la impericia de Casado y la insolencia de Egea han provocado en la organización. ¿Por qué, entonces, ha tardado tanto en hablar Moreno, a quien todos los observadores sitúan en la órbita de Feijóo pero del que ninguno de ellos podía certificar fehacientemente que, en efecto, el presidente andaluz también era partidario de acabar con Casado?

La cautelosísima conducta de Moreno, su silencio remolón, su invisibilidad calculada en un momento tan delicado para la organización dan pistas interesantes sobre la personalidad política del presidente andaluz. Antes de alcanzar la Presidencia de Andalucía, la trayectoria de Moreno dentro del PP había sido la de un burócrata leal, formado en NNGG, buen conocedor de las covachuelas de la organización, un político que ha hecho carrera dentro del partido no solo haciéndose querer, sino evitando cuidadosamente crearse enemigos, para lo cual es imprescindible tener la boca cerrada.

En el proceso congresual que acabó ganando Pablo Casado frente a María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, se sabía que Moreno apoyaba a la vicepresidenta del Gobierno, con quien había ocupado el cargo de secretario de Estado de Asuntos Sociales, pero era difícil encontrar declaraciones públicas suyas posicionándose inequívocamente a favor de ella. Lo hizo, sí, pero muy tarde.

Recordemos las fechas: Casado fue proclamado presidente del PP el 22 de julio de 2018, cuando el 57 por ciento de los compromisarios le dieron su apoyo, pero Moreno desveló su preferencia por Santamaría solo veinte días antes del congreso, a pesar de que los nombres de los candidatos se conocían desde bastantes semanas antes y probablemente a Soraya le habría venido bien el temprano pronunciamiento a su favor del presidente de la agrupación más numerosa del partido.

También recordarán muchos con qué destreza de político ducho en esquivar asuntos comprometidos Moreno supo no tomar partido en el debate sobre modificación de la ley del aborto, que acabaría con la carrera política del entonces ministro Alberto Ruiz Gallardón cuando el presidente del Gobierno Mariano Rajoy no le compró su brutal contrarreforma. ¿Moreno pensaba como Gallardón? ¿Como Rajoy? ¿Como Celia Villalobos, incluso? Nunca lo supimos, aunque luego sí estuviera de acuerdo con lo decidido por el Gobierno del PP, en una actitud ventajista propia del escudero a quien su señor Don Quijote reprochaba: “Bien se parece, Sancho, que eres villano y de aquellos que dicen: ¡viva quien vence!”.

Es la misma actitud remolona que exhibe Moreno a propósito de la opción de dar entrada a Vox en el próximo Gobierno andaluz si la suma con el PP así lo exige. Calculamos que Moreno preferiría no pactar, pero nadie lo ha escuchado de sus labios. Otra vez la cautelosísima conducta que es marca de la casa.