Si desde el mundo de la cultura, la lucha a ultranza contra la caricaturización de Andalucía tiene nombre propio, ese es el de Manu Sánchez. Fiel defensor de los valores de su tierra, el humorista no se cansa, sin embargo, de referir las palabras de su gran maestro, el catedrático y escritor José María Pérez Orozco, “Andalucía no es lo mejor del mundo, lo mejor del mundo es el mundo”.

Atendiendo a su fecha de nacimiento podríamos pensar que estamos ante un emprendedor, pero la realidad es que, a sus treinta años, Manu Sánchez es ya un empresario consolidado referente en la industria cultural andaluza. El director de la productora 16 Escalones dice sentirse lejos de las etiquetas –actor, cómico, columnista, presentador, promotor cultural, empresario y ahora también escritor- pero admite que es el papel de payaso el que más cómodo le hace sentir: “Estamos acostumbrados a ver a los payasos de dos en dos, el payaso listo y el payaso tonto. Yo, que decidí ser payaso solo, juego con esa dicotomía, a veces soy el payaso triste y otras veces el alegre; a veces soy el que da el tartazo, a veces el que lo recibe. Me parece una profesión bonita.”

Cómo molestar a los  malos

El pasado 23 de noviembre veía la luz su primer libro y lo hacía reivindicando la normalidad del sur con la osadía y el humor al que nos tiene acostumbrados su autor. “Lejos de lo que algunos pretenden hacernos ver, el sur no es un fallo del sistema”. Surnormal profundo es el título de su libro y confiesa que sintió temor a que no se entendiera el guiño y alguien se sintiese ofendido porque, como afirma, “sólo quiero molestar a los malos”.

Manu Sánchez asegura que esta publicación, con prólogo de Risto Mejide, que incluye sus columnas, experiencias biográficas y reflexiones personales, es un desnudo integral propio. A renglón seguido, bromea con el acierto de haberlo hecho en forma de libro y no de almanaque. Pero, más que la desnudez del humorista, este libro parece buscar el desnudo de una sociedad que se enfrenta a sus debilidades. En su opinión ese es el cometido del cómico: “El bufón tiene la función de decirle al poderoso que va desnudo”.

Un estriptis social

Se trate de un desnudo propio o de un estriptis social, la realidad es que el autor se moja, y mucho, en la temática abordada: la actual crisis territorial, el terrorismo yihadista –también el de ETA-, los centralismos, la iglesia, el machismo, la homofobia, incluso pone en un brete a las distintas opciones políticas y a alguno de sus líderes. Todo, sin dejar de arrancar la sonrisa del lector.

Este andaluz de estatura alemana y de raíces obreras se reconoce en la izquierda ideológica. Una conclusión a la que llega cuando, tras éxitos profesionales y económicos, consciente de que le podrían venir mejor las políticas más liberales, siente que sus convicciones son más fuertes y cree en la igualdad de oportunidades más allá de que a él, particularmente, le vaya mejor o peor.

Si en el humorista Manu Sánchez destaca la inteligencia, en el empresario lo hacen la valentía y la funcionalidad. Cuando le preguntamos a este bético incondicional si le ha perjudicado profesional o económicamente su firme elección por ejercer de empresario desde Andalucía, su respuesta es contundente: “Cuando tomo las decisiones lo hago valorando si soy capaz de asumir las consecuencias. Tomé esta decisión porque creo que aquí hay potencial, miro a mi alrededor y creo que la industrialización de Andalucía es posible, además a nivel personal me gusta desarrollar mi vida desde aquí. Si volviera atrás volvería a decidir lo mismo, así que solo queda disfrutar de mi decisión y seguir militando”.

Una mala salud de hierro

Aunque se habla de manera permanente de la crisis del teatro como si de una especie de mantra se tratara, a juzgar por los hechos, el teatro goza de buena salud.  Así lo cree también Manu Sánchez que, desde el pasado 7 de diciembre se encuentra de gira con El buen dictador. Se trata de la tercera parte de una trilogía: Monarquía, Iglesia y Estado, representadas en los espectáculos El rey solo, El último santo y ahora El buen dictador.

“El teatro parece que se está muriendo y resurgiendo siempre, cuando la realidad es que el teatro nunca se ha ido. La gente te habla de él como si fuera la metadona de la tele y es casi lo contrario. Mi personaje nace en el directo y es en la autenticidad donde está la clave del éxito del teatro. Hablarle a una cámara y deducir las risas no es lo mismo que sentirlas”.

Manu Sánchez, que dice dormir en tres o cuatro colchones distintos durante la semana por motivos de trabajo, ha visitado medio planeta y declara sentirse muy chilango. Es un enamorado de México, lugar en el que pasa una semana al mes y donde gestiona desde hace tres años el “Gran Teatro Moliere”. Se trata de un espacio multidisciplinar resultado de un proyecto de recuperación del mítico cine Polanco, una experiencia que han tomado como referente para el proyecto que recientemente presentaban al Ayuntamiento de Sevilla para la gestión teatral de un edificio tan característico de la ciudad como es San Hermenegildo, primera sede parlamentaria andaluza.

¡Viva México!

Para este oriundo de Dos Hermanas (Sevilla), hay dos formas de viajar. Una, en la que descubres casas muy diferentes a la tuya en un mundo con rincones muy exóticos. Y otra, en la que descubres el mundo como una gran casa donde sentirte como en la propia. Es esta última la que él experimenta en sus viajes de ida y vuelta entre México y Andalucía, cuando le invade la extraña sensación de estar saliendo de casa para llegar a casa.

Quizás, fiel a la tradición interpretativa que dicen suele preservar la intimidad del actor tras el personaje, resulta difícil acercarse a un Manu Sánchez más personal. Aunque termina confesando: “Hay un Manu bastante más inseguro de lo que se ve. A veces parece que uno al opinar sentencia, pero en realidad está cruzando los dedos ante un público que es el que bendice o condena”. 

Determinados episodios de esta publicación, que en menos de un mes ya va por su tercera edición, retratan a un Manu Sánchez ya precoz en su inconformismo. Y atrevido, con tan solo tres años de edad, aprovecha el momento del recreo en el patio de la guardería para sigilosamente acercarse y saltar sobre su monja preferida, sor Francisca, quitarle la toquilla y despejar sus dudas sobre si las monjas eran, o no, calvas.

Ese niño atrevido, intrépido e inconformista afronta 2018 dispuesto a descubrir nuevas perspectivas de una realidad tozuda, volverá a provocar risas con sus afiladas columnas en La Ser Andalucía, apostará por un teatro con mayúsculas, espera ver prosperar el proyecto de San Hermenegildo y, en palabras del propio empresario, “si nos liamos la manta a la cabeza será el año de la vuelta a la TV y, quién sabe… igual hasta del cine”.