Para hablar del legado y obra de Blas Infante pocas voces están más autorizadas que la del doctor en HIstoria y autor del libro Andalucismo Histórico, Orígenes y Evolución en tiempos de Blas Infante, Manuel Ruiz Romero. El jerezano es uno de los máximos conocedores del andalucismo histórico y de la figura del Padre de la Patria Andaluza. Por ello, a escasos días de que tenga lugar el conmemorativo acto anual que se celebra para recordar a Blas Infante en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona en Sevilla, lugar donde fue asesinado hace 90 años, Romero nos explica cómo la sociedad andaluza conoció el legado de Infante, cómo asimiló política y socialmente el mismo, y reflexiona sobre algunas cuestiones de actualidad.

Pregunta (P): Blas Infante no solo fue asesinado por el franquismo, sino que este luchó por borrar su legado. ¿Cómo y cuándo se recupera su figura?

Respuesta: (R) El incipiente andalucismo político de la segunda generación compartía muchas posiciones con Infante y los suyos, de forma que, salvada las distancias, tras genocidio cultural que el franquismo impuso a toda ideología progresista. el toparse con aquel primigenio movimiento de principios del XX fue todo un descubrimiento y una motivación vital, por cuanto el reto que significaba alcanzar por vía democrática aquello que el golpe del 18 de julio imposibilitó: un autogobierno. Y lo que es mejor aun, hacerlo con la unidad, movilización y dignidad por bandera.

Como digo, fue pura anécdota a través de José Mª Osuna, médico y candidato en las listas del PCE al Congreso, además de firmantes de algunos manifiestos autonomistas en la II República. Aunque antes se había evocado al casareño en obras de Gil Benumeya al comentar las raíces andalusíes de la cultura andaluza, Osuna es el primero en publicar en ABC de Sevilla un artículo bajo el título: “Blas Infante y su Ideal Andaluz”, (2-XI-1971) donde alude al notario y su obra. Es a partir de este texto donde Antonio Burgos, entonces comprometido con un andalucismo político, emergente y cada vez más organizado, informaba a Alejandro Rojas Marcos de la existencia de esta persona, de manera que los tres concertaron un almuerzo en Sevilla donde el médico ejercería de notario y transmisor de un legado desconocido y oculto, tanto por la izquierda tradicional como por la derechona en el poder.

Es desde ese momento, tan anecdótico como cuasi mágico, cuando la segunda generación de andalucistas asume la memoria de Blas Infante y su movimiento, así como la recuperación de su vida y obra. De hecho, será uno de los vectores culturales de nuestra transición y, sin duda, de las movilizaciones en pro de la autonomía de primera. Hubo un puente simbólico entre aquel proyecto autonómico que el golpismo cercenó de raíz y las expectativas a abrazadas por el pueblo andaluz para conquistar a pulso aquello que el fascismo le negó.

(P): Fue nombrado Padre de la Patria Andaluza en 1983. Desde que se vuelve a hablar de él hasta este nombramiento, ¿cuánto se descubre y cuál es la trascendencia?

(R): Sin duda, la recuperación del andalucismo infantiano y, particularmente de la figura de su precursor, fue un empuje vital para la conquista de un autogobierno que nos igualó a otras nacionalidades históricas. Actuó como argumento motivacional y dinámico para concienciar a los andaluces y andaluzas en pro de un proceso (151 de la CE) que fue el único desarrollado por esa hoja de ruta excepcional como sabemos. Más concretamente, el hecho de que el golpe militar del 18 de julio dejase en vía muerta la dinámica estatutaria de Andalucía no deja de ser un argumento simbólico, moral y político para recuperar un autogobierno a la par de una nueva realidad democratizadora. Obvio que no todos los partidos acogieron tal legado. Fue el emergente andalucismo político el primero que puso sobre la mesa reivindicativa del antifranquismo la memoria de Infante y los suyos así como la necesidad de contar con un autogobierno que, tanto la izquierda tradicional como el primer borrador de Constitución solo concebían para Cataluña y Euskadi.

Si el andalucismo no disputa el discurso hegemónico y denuncia las causas de la desigualdad, el colonialismo y el subdesarrollo estructural …se convierte en mero folklore…yo le llamo verdiblanquismo.

La aceptación final de ese relato truncado por el fascismo se traduce, entre otras cuestiones, en la recuperación y aceptación institucional -por Ley- de unos símbolos que antaño fueron creados y socializados por su cuenta desde grupos muy testimoniales; o bien, en la existencia de una historiografía que sigue profundizado en la vida, obra y legado de Infante y su movimiento. Es más, te diría que el andalucismo de la segunda generación forma parte ya, por méritos propios, de ese Andalucismo Histórico. Estoy convencido que hoy ya nace y se consolida una tercera generación de andalucista, que sin dar la espalda y aprender de lo que fueron las dos primeras, afronta retos en un escenario diferente.

(P): La consecución del Estatuto de >utonomía, con las movilizaciones sociales históricas mediante (4D), se lograron con un espíritu que habría defendido Blas Infante, sin embargo, sin que la sociedad supiera de ese legado. ¿Fue una forma (40 años después y atemporal de 'darle la razón'?

(R): Si nos atenemos al Blas Infante persona: padre, profesional y activista, el hecho de su secuestro y asesinato, unido a que aun esté desaparecido, presumiblemente en la fosa de Pico Reja de Sevilla, pues podríamos considerarlo un represaliado más de los que el fascismo quiso hacer desaparecer. Sin embargo, si consideramos las razones que antes he señalado, su pensamiento y su obra sigue viva y sigue siendo un elemento de dialéctica y praxis. En tanto fue un adelantado a su tiempo, con su doctrina, representa un estímulo y un acicate para que los andaluces y andaluzas de hoy ya que, salvando las distancias, su mensaje ético y librepensador impregnado de fraternidad humanista, su análisis -más que su alternativa imposible hoy- social económico en favor de una mayoría social que identificaba con el jornalero, así como, la necesidad de conciencia, dignidad y movilización de la que este pueblo adolece…entre otras cuestiones, son vectores que la Andalucía del siglo XXI no puede dejar al margen por muchas razones.

(P): ¿Por qué crees que pese a ese ‘título’ de Padre de la Patria Andaluz, pese a su trascendencia educativa (cada vez menor), la mayoría de la gente hoy le desconoce?

(R): Mientras que hoy la autonomía está aceptada por todas las fuerzas sociales y políticas, existe un partido con tres letras que, viviendo de las paguitas de las instituciones, quiere acabar no solo con una Andalucía en la que no creen, sino que su objetivo político es desprestigiar la democracia, la CE, el parlamentarismo y, si por ellos fueran volver a un caudillismo de “una, grande y libre”. Atacando con falsedades, bulos e inventos a Infante envisten con lo que es el icono y la memoria de nuestro pueblo.

Cabe recordar que el andalucismo infantiano reinstaurado por el andalucismo político de la segunda generación se abrió camino entre la incomprensión de la derecha, el olvido del franquismo y la espalda que le da una izquierda tradicional que, conociendo su existencia, pero prefirió mirar hacia otros intelectuales represaliados o asesinados, e incluso, políticos de territorios diferentes. Una de las primeras decisiones del Parlamento de Andalucía fue otorgarle ese título honorífico de Padre de la Patria, que ya se usaba en la Roma clásica, con los libertadores de América Latina o en otros capítulos de la historia de las civilizaciones.

Historiador y andalucista, Manuel Ruiz Romero

Pero como hablas de pedagogía, sí quiero recordar figuras como: Juan Antonio Lacomba, Manuel Ruiz Lagos, José Aumente Baena, José Mª de los Santos, Enrique Iniesta Coullaut-Valera, José Luis Ortiz de Lanzagorta y José Acosta Sánchez, grupo de divulgadores, vinculado en diferente medida e intensidad al andalucismo político de la segunda ola, que recuperan y ponen en valor, a través de la prensa escrita fundamentalmente, contenidos que ejercen de catalizadores de la conciencia autonómica de los andaluces y andaluzas.

(P) El tratamiento mediático, sobre todo al principio, ¿fue de otorgarle el valor que merece o se redujo a un símbolo casi de ‘folklore’?

(R): El andalucismo histórico y político se ha movido siempre entre la incredulidad, el rechazo, la incomprensión, el recelo o un abierto boicot. No ha interesado nunca en la historia que esta cultura meridional tenga conciencia de pueblo y clase. Para unos somos un trozo más de esta España uniforme y sepia; para otros una porción más de un internacionalismo proletario: carente en uno u otro caso de personalidad propia, derechos colectivos y necesidad de un nuevo papel que supere ese sentido colonial marcado por las élites durante siglos. Por eso, si el andalucismo no cuestiona lo que somos y hemos sido, si no busca un porqué a la realidad histórica de Andalucía, si no desvela narrativas centralistas y capitalistas, si no disputa el discurso hegemónico y denuncia las causas de la desigualdad, el colonialismo y el subdesarrollo estructural …se convierte en mero folklore…yo le llamo verdiblanquismo. Es decir, aquel travestismo político que se tiñe de verde y blanco para adormecer a este pueblo y vampirizarle su capacidad política, electoral y de organización/movilización ciudadana. Ya sea por mero folclore, percepción centralista o estrategias políticas coyunturales…realidades que tampoco son necesariamente opuestas.

Por eso, frente al sentido revolucionario y pacífico del mensaje de Infante, tratan de descafeinar su doctrina y praxis señalándolo como una persona “buena”, “de todos o todas”, en suma folklorizando su mensaje e imagen. Andalucía como pueblo es una clase, así lo escribe Aumente en los años setenta. Pero no estamos defendiendo los andalucistas sólo una porción de clase obrera en el planeta. Afirmamos, además, el protagonismo colectivo de un pueblo que quiere conquistar su futuro; por eso la identidad es vital para los que creemos en esta tierra y en su mayoría social. Para homogeneizarnos ya está el capitalismo, el nacional catolicismo españolista y un sentido clásico de una izquierda que se dice alternativa y revolucionaria y, anclada en el s. XIX todavía hoy solo reconoce la personalidad y las realidades nacionales de Cataluña, Euzkadi y, en todo caso, Galicia.

Blas Infante en Isla Cristina con el zorro que rescató en 1927 / Fundación Blas Infante

(P): ¿Qué significa hoy la figura de Infante?

(R): Es complejo resumir en pocas líneas el significado del andalucista para el andaluz y andaluza de hoy. Por adelantado a su época, quizás hoy manejamos conceptos que él fue el primero en utilizarlos sin ni siquiera ser ni aspirar a político profesional: España plural, confederalismo, feminismo, animalismo, personalización, interculturalidad, deconstrucción de mitos y responsabilidad de la mayoría social invisibilizada frente a una historia centrada en élites, municipalismo, colectivización, el sentido ético de la vida pública, la alternativa a la explotación capitalista, la búsqueda de valores que nos hagan más y mejores personas…son principios, dichos de forma rápida, que inspiran su pensamiento y acción.

En cualquier caso, en los últimos tiempos las investigaciones manifiestan la importancia del proyecto individual de persona -de andaluz- que anhelaba como necesario para su Ideal. No puede haber pueblos libres sin personas libres, dejó escrito. Por heterodoxo, sincrético, amante de la libertad personal, preocupado ya entonces por la crisis de la humanidad y comprometido con un alto percepción ética de todo lo que implica la existencia… entre otras cuestiones, éstas vienen a moldear un sujeto histórico que, a través de su obra nos invita a pensar en la Andalucía que fuimos, desde lo que somos y podemos -tenemos- llegar a ser.

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