Sociedad

Cómo España pasó de lobotomizar a los gays a ser el país más tolerante del mundo con la homosexualidad

Marcos Paradinas estrena 'El fin de la homofobia', un libro prologado por Manuela Carmena y con entrevistas a José Luis Rodríguez Zapatero, Carla Antonelli o Ángeles Álvarez

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Dom, 7 Feb 2016

Este lunes, 8 de febrero, llega a las librerías El Fin de la Homofobia: derecho a ser libres para amar (Editorial Catarata), de Marcos Paradinas, redactor jefe de ELPLURAL.COM. Una obra que profundiza en la evolución de la homofobia y los Derechos Humanos del colectivo LGTB a lo largo de los últimos siglos en todo el mundo, pero también centrándose en cómo ha cambiado España en los últimos años en este aspecto.

El libro está prologado por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con un texto que recuerda la injusticia que sufrió Alan Turing, un héroe de la II Guerra Mundial cuyo ingenio salvó miles de vidas, pero que acabó condenado por ser “raro” en base a la misma ley que sufrió Óscar Wilde.

En la obra, que forma parte de una colección sobre Derechos Humanos promovida por la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR), el autor analiza cuál es la situación actual del colectivo LGTB en todo el mundo: desde las novedades en materia de legislación universal y el avance del matrimonio homosexual en varios países, hasta la situación que aún se vive en varios rincones del planeta, donde amar fuera de las normas se sigue castigando con la muerte. Y profundiza en los orígenes de la homofobia, que bebe de tres fuentes: la tradición legal rusa, las leyes islámicas y el colonialismo británico.

Además, dedica una especial atención a la evolución de los derechos LGTB en España. Un proceso que ha llevado a nuestro país a dejar atrás la época del franquismo, cuando los homosexuales eran sometidos a lobotomías y encerrados en campos de concentración, y pasar a ser el país del mundo que más tolera la homosexualidad, según estudios internacionales, y la primera nación que aprobó de una tacada los matrimonios entre personas del mismo sexo y su derecho a adoptar hijos.

Para indagar sobre el cambio radical que ha vivido España en menos de una década, Paradinas no sólo se basa en los cambios legislativos o en los hitos históricos que ha experimentado el país, sino que también ha charlado con sus principales protagonistas.

El libro incluye una entrevista a José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno que aprobó varias leyes que lucharon contra la homofobia española, destacando el matrimonio igualitario y la adopción homoparental. Pero también contiene entrevistas a emblemas LGTB como Carla Antonelli, la primera diputada transexual de la democracia española o con Ángeles Álvarez, la primera diputada lesbiana que salió del armario públicamente.

ELPLURAL.COM les ofrece en exclusiva un adelanto del prólogo escrito por Manuela Carmena para El Fin de la Homofobia: derecho a ser libres para amar.

Me ha gustado siempre el anagrama de Apple, de la manzana mordida. La miro ahora con otros ojos. Acabo de leer que muchos piensan que ese indiscutible icono universal encierra un homenaje al que se considera hoy el padre de la informática, Alan Turing, a cuya dramática muerte rememoraría la mordida manzana. Sería bonito que así fuera, aunque pudiera no serlo.

Busco información y encuentro que la empresa Apple niega esa versión. ¡Quién sabe! Cuesta saber si fue así y si ahora se puede pretender negar. Pudiera ser que ahora, años después y una vez más difundida a través del cine la terrible historia de Turing, la propia Apple hubiera llegado a la conclusión de que, reconocer ese homenaje pudiera resultar políticamente incorrecto. Sería lamentable. Confiemos en que no sea así.

Con carácter general, siempre resulta difícil conocer con detalle cómo un hecho concreto, relativo a la biografía de una persona singular, puede incidir en las historias colectivas. Está claro que muchas veces ocurre.

En todo caso, sea o no exacto que esa manzana mordida rememore el suicidio de Alan Turing, lo que sí es cierto es que éste murió mordiendo intencionadamente una manzana envenenada y que antes había sido condenado por homosexualidad.

Había salvado miles de vidas en la 2ª Guerra Mundial, había contribuido en gran medida al éxito del desembarco en Normandía, pero… era “raro”. Siete años después del final de la guerra, en 1952, fue condenado. Piénsese que eran los momentos en que, tras la pérdida de las elecciones de Churchill, los laboristas estaban implantando el sistema universal de salud y desarrollando el gran programa de vivienda social que transformó las ciudades inglesas. Sin embargo, en las “costumbres”, menos cosas habían cambiado. Alan Turing fue condenado con la misma legislación con la que, cincuenta años antes, se condenó también como homosexual a Oscar Wilde.

Cierto que en España los homosexuales en esa época, en puro franquismo, eran contemplados dentro de la más genérica y despectiva ley de vagos y maleantes. Ahora bien, se podría haber pensado que los británicos hubieran podido estar algo más evolucionados en materia de derechos personales.

Alan Turing tuvo que escoger entre cumplir la condena de dos años de prisión, a la que le condenaron, o someterse a un aberrante tratamiento hormonal. Optó por éste. Ello destrozó probablemente su organismo hasta tal punto que, dos años más tarde, puso fin a su vida suicidándose con una manzana llena de cianuro.

El premier Cameron rechazó el indulto 60 años después. Argumentó que la homosexualidad en aquel momento era delito en Gran Bretaña, una obviedad que viene a justificar el más conservador de los principios, ¿incuestionables? conservadores. Solo meses después, hay que suponer que, ante la presión social que sí llegó a manifestarse, la Corona británica terminó por rehabilitar en 2013, habría que decir, ¡por fin! a este gran hombre.

Constituye un referente histórico de la sinrazón de la persecución de la homosexualidad que no se tolera, si se manifiesta, aun en casos de “héroes de la patria” y no digamos en personas que no le les reconozca tal condición.

Con el permiso o no de Apple, la “manzana mordida” nos hace recordar estos hechos, siendo conscientes del enorme sufrimiento que muchos seres humanos han sufrido, ¡y siguen sufriendo!, por el simple hecho de no tener preferencias y actitudes convencionales en sus comportamientos sexuales.

De ahí la gran importancia de este libro, que prologo así con tanto gusto. Se centra en analizar el lento avance en el reconocimiento de las diversas entidades sexuales, auspiciando la lógica e imprescindible necesidad de rechazar, y como consecuencia prohibir, toda discriminación por esta causa. El relato con que acabo de iniciar el Prólogo no hace sino reforzar esa necesidad.

El derecho a la diferencia en las opciones sexuales es algo que era y es enormemente necesario a reivindicar como algo específico, dentro de los derechos sociales. Esto es lo que se hace, y con gran acierto, en las páginas de este interesante libro. Pero, más allá de esta indiscutible reivindicación, aparece quizás un planteamiento más amplio: la importancia de configurar el derecho a la sexualidad de todo tipo, homosexual o heterosexual, como un derecho específico, que requiriese su definición jurídica específica y autónoma.