Busca “Yarea Guillén” en tu buscador de confianza y cabréate. Enfádate mucho. Yo he estado dando tumbos por mi modesto estudio madrileño, compartiendo la indignación con todo aquel que se cruzaba en mi camino desde que hice este descubrimiento. Lo primero que leo es: “La mujer de Dani Fernández”.
Entiendo la popularidad de su marido, comprendo la importancia de su música y lo mucho que la masa se refleja en sus letras, haciéndolas suyas. Pero, ¿quién ha escrito esto sabe que, por ejemplo, “La Jauría” también está firmado por ella? ¿Saben que Yarea lleva años componiendo para sí misma y para otros artistas? ¿Que con menos de 30 años ya va por su tercer disco?
Pensemos que se trata de desconocimiento. Y, para balancear estas propuestas, hagamos el ejercicio de centrar el foco donde corresponde: en su música, en sus mensajes, en sus vivencias. Sin mencionar a Dani Fernández, por una vez.
Evidentemente, él es una persona influyente en la realidad de Yarea y aparece en las letras de su nuevo disco. Pero la sensibilidad de la vasca adoptada por Cartagena no necesita la validación de otro artista para lucirse. Como Maruja Mallo no necesitaba que en todas las entrevistas aceptasen sus obras porque compañeros de profesión hubieran mencionado su nombre, aún cuando ni ellos le daban el trono que se merecía.
Dicho esto, hablemos de música. Ya puedes escuchar Si tú supieras, su nuevo disco, en el que hace una visita al pasado más inmediato para transitar pensamientos contrafactuales: esos “qué hubiera pasado si…” que nos persiguen cuando intentamos entendernos.
Yarea se muestra atrapada en circunstancias que colisionan con su autoconcepto y pide no ser juzgada por las artes —más o menos idílicas— que utiliza para salir de ellas. Todo desde una seguridad asentada, consciente, donde el amor se plantea como complemento al conflicto. Donde objetiviza sus realidades para activar el movimiento hacia otros lugares más apetecibles.
Recuerda que venimos de Lombardía 22, el primer LP que publicó en 2022. Donde KICKMBOMBO y Álex Granero se repartieron la gran parte de la producción. Le siguió Involuntario dos años después, ya producido al completo por el segundo, igualito que Si tú supieras.
Pero, desmenucemos las canciones, para que todo tenga más sentido. El disco se abre con “Casi todo el tiempo”, tema creado en una ruta en coche desde Portugal. Comienza con un arpegio de guitarra que acompaña melódicamente la voz dulce y susurrada de Yarea. En este disco está trabajada de manera más controlada e intencional, fortalecida en momentos clave con coros y efectos sutiles.
La base rítmica no tiene virguerías, baterías a negras que rompen siguiendo un patrón y bajos constantes que aparecen divididos en tres tramos. No hay artificios, hay intención. Ella se deja iluminar por la confusión que provocan los recuerdos desagradables, con versos como:
“No tengo claro a qué te referías cuando
Le decías que no deberías
Si se encendiera una luz cada vez que me acuerdo
Estaría iluminada casi todo el tiempo”.
“Crítico” marca el hilo narrativo del disco. Ese estado de disconfort en el que vas a abrir la boca para decir que todo está genial pero pasa algo que voltea la historia, ya no es tal y como te la habías contado. La melodía de esta canción es acunadora y a la vez contagia una tensión latente, todo con un enfoque más onírico.
Ella ha compartido que el sol de los agostos está hecho a su medida, en redes y también en “Las cosas que pasan por mi cabeza”. En esta canción vuelve la alegría de los acordes mayores que muestran desahogo con ritmos más country y 88 bpms. Un estado de presencia donde es consciente de su regocijo en la nostalgia pero recuerda momentos luminosos, como su paso por Enekonea. De esto hablamos al final de la entrevista en vídeo.
¿Sabes cuando adoras a una persona pero a veces odias circunstancias intrínsecas a la realidad de esa persona? Pues “Suficiente” describe perfectamente ese momento en el que Yarea acompaña a su marido a eventos públicos y percibe perfectamente las expectativas populares que se ejercen sobre ella. Con una melodía que te hace rebotar el cuello de un extremo al otro, como una especie de coreografía improvisada donde el pie persigue el bombo a negras. Ella tira del telón para humanizar la idealización de las alfombras de colores y valida sus ganas de cogerle de la mano para volver corriendo a casa a poner pie a tierra.
En “Gigante” se desencanta, se le quita el sueño y la guitarra rítmica la acompaña de manera íntima para dirigirnos a “Sin un buen final” o “Nos echo de menos”. Dos canciones donde se levantan las armas y se afilan los escudos. Eso sí, ella me contaba que ha aprendido a elegir el espacio del orgullo y a no abrasarse por él. Hace un llamamiento a las vidas paralelas para mandarles un mensaje importante: esas realidades que pudieron ser ya no me interesan, evolucionemos este amor como podamos.
¿Te acuerdas de esa versión utópica de sí misma que mencionaba en “Suficiente”? Pues en “Directa” reconoce su espacio antagonista y negruzco. Aunque siempre he pensado que no hay nada más oscuro que imaginarte perfecta bajo los ojos de otros. Sea como sea, la visualizo rodeada de la nada, en un punto donde no se ha colocado voluntariamente. Buscando las fuerzas para sobrevivir a él con frases como:
“Qué me has hecho
No queda nada de mi
Todo ardiendo
Pero no puedo salir”
¿Y qué viene después de haber estado cerquita de no poder levantarte? El miedo a volver al lodo, pero con un lado muy positivo: prometemos divertirnos mientras tanto. Hace poco pudimos ver los outfits de tus influencers de confianza en el estreno de “Los Bridgerton”, organizado por Netflix. Pues ahí había menos máscaras que en “Tuya”, su penúltima canción del disco. Donde se junta el miedo a ser rechazada con el pavor a no saber valorar el talento de la bondad del otro. Confesaré que hacerse la guapa funciona a la hora de condicionar la conducta de los humanos. La defectuosidad de la carne y el hueso es lo que tiene. Pero, si se alarga mucho en el tiempo pierde la gracia del juego de damas y empieza a lucir catfishing offline. Vamos, conectar desde un personaje que no eres ni vas a ser. En los cambios de intensidad de esta canción podríamos ver reflejada esta reflexión.
Y, si has llegado hasta aquí, porfa mándame un DM con un emoji de un corazoncito morado, porque necesito mandarte bien de amor y brillitos digitales. ¿Quién me creo? ¿Carrie Bradshaw? Pues sí, porque todo lo que he contado hasta ahora, lo hemos vivido, también habla de nuestras historias.
¡Llegamos a “Pequeño”! El gran final que representa la incondicionalidad: aunque esté enfadada contigo siempre te voy a querer manosear. Y es que “Manosear” era el título de esta canción, hasta que ya no. Es la melodía que llevo tarareando días. Es la banda sonora perfecta de una escena de película de autor en la que no hay diálogo porque hay dos personas —o las que hagan falta— que han llevado toda su energía al cuerpo y el lenguaje no verbal te reduce el iris.
Vaya viaje sin moverte de tu plataforma musical de confianza. Y, por favor, no le pongas un tercer apellido a Yarea Guillén que no esté a la altura.