Juan Carlos I aterrizaba este domingo en España después de que el pasado mez de marzo no pudiera viajar hasta Sanxenxo (Pontevedra), donde tenía previsto participar en la regata que organizaba el Real Club Náutico, con motivo de la guerra en Oriente Medio. El emérito asistía a la reaparición del torero Morante de la Puebla en la Maestranza de Sevilla entre vítores y ovaciones tanto fuera como dentro de la plaza. Muy controvertida ha sido una fotografía que el monarca se tomó rodeado de todos los toreros y su hija, la infanta Elena, quien lo acompañó durante el evento, en una ostentosa sala repleta de retratos reales.
Entre los que se han referido a esta instantánea se encuentra Euprepio Padula, que ha asegurado que esta fotografía forma parte de una estrategia del emérito para hacer daño a Felipe VI. A través de su cuenta de X -anterior Twitter-, el periodista escribía: "Una pena ver a un padre que hace todo lo que puede para dañar a su hijo. No puedo expresar de otra forma el significado de una foto que se ha realizado sin ningún asesoramiento en términos de comunicación o asesorado por los peores".
Una pena ver a un padre que hace todo lo que puede para dañar a su hijo. No puedo expresar de otra forma el significado de una foto que se ha realizado sin ningún asesoramiento en términos de comunicación o asesorado por los peores. pic.twitter.com/FDb5jItv1I
— Euprepio Padula (@EuprepioPadula) April 6, 2026
La publicación de las memorias de Juan Carlos I, tituladas Reconciliación, reabría el foco sobre uno de los aspectos más delicados de la actual monarquía española: su relación con su hijo, Felipe VI. Un vínculo marcado por una evidente distancia personal que el propio emérito reconoce sin rodeos.
A lo largo del libro, Juan Carlos I reconoce el papel de su hijo como jefe del Estado, pero deja también reproches muy explícitos en el terreno íntimo: "Mi hijo me dio la espalda por deber. (...) Entiendo que, como rey, mantenga una posición pública firme, pero sufrí (…) al verlo tan insensible".
Ese contraste entre comprensión política y dolor personal atraviesa todo el testimonio. El emérito admite que Felipe VI actuó condicionado por la necesidad de proteger la institución en los momentos más delicados, especialmente a partir de 2020, con su salida de España y su instalación en Abu Dabi, pero insiste en que esa decisión tuvo un coste humano. En sus propias palabras, ambos quedaron "encerrados en el silencio de la incomprensión y del dolor", reflejando una relación deteriorada que va más allá de lo institucional.
Uno de los episodios más significativos que relata es la retirada de su asignación económica y el distanciamiento oficial de la Casa Real. En ese contexto, Juan Carlos I asegura que llegó a dirigirse directamente a su hijo con una advertencia que resume su visión del conflicto: "No olvides que heredas un sistema que yo he construido".
Las memorias también recogen momentos de tensión directa entre ambos. El emérito se refiere a conversaciones duras y de reproches cara a cara, en las que Felipe VI le trasladó su preocupación por el impacto de determinadas decisiones en la imagen de la Corona. Aunque no siempre reproduce el diálogo completo, sí deja claro el tono: discusiones “francas” en las que su hijo le afeó comportamientos que consideraba perjudiciales para la institución, reflejando el choque entre dos formas de entender el papel del monarca en la España actual.
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