Riesgo para el país
Las cosas son como son, no como nos gustarían. Y el hecho cierto es que España, como el resto de los países de nuestro entorno, está bajo la égida implacable del señor Mercado, que tiene a su vez en la señora Merkel su particular dama de llaves. No parece que el 29-M sea precisamente una fecha que vaya a ser tenida en cuenta por los embozados que mandan.

La sombra helénica (15 huelgas generales en tres años y la nación en quiebra total) nos acompaña durante este ya largo y terrorífico invierno de crisis, desempleo, miseria y desazón.

Riesgo para el Gobierno
No observo especialmente preocupado al Ejecutivo ante un envite como este. No sé si porque a partir de ese momento quedará vacunado para lo que venga (que vendrá), si porque cree que partirá el espinazo a UGT y CCOO, si porque la huelga será un fracaso o, si finalmente, porque lo contempla como algo inevitable.

Moncloa debería tener presente, en cualquier caso, que el pueblo tiene motivos (muchos motivos) para expresar su dolor, su malestar y para exponer su miseria en la rúa. Y una cifra considerable de ciudadanos en la calle (aunque lleve menos de cien días en el poder) pondría en cuestión su auctoritas. Acuérdate, Mariano, del 14-D cuando Felipe habitaba donde tú habitas.

No observo tampoco ninguna predisposición gubernamental a evitar que el paro sea desconvocado. Y ello en sí ya es un dato por sí mismo.

Riesgo para los sindicatos
Por contra, si la convocatoria es un fracaso, el Gobierno y sus fuerzas corolarias, fuertemente armadas, iniciarán desde el poder una campaña feroz (de hecho ya está ocurriendo) contra los sindicatos, que tendrán que enfrentarse a su propio futuro sin miramiento y sin paños calientes.

Esto es: se la juegan. Algunos errores de determinados dirigentes sindicales (caso de José Ricardo Martínez, jefe de la UGT en Madrid) están sirviendo para intentar poner en una pica la propia existencia de las organizaciones obreras.

Deben meditar esto Méndez y Toxo porque han activado –no sin argumentos sólidos y con muchas razones objetivas, por supuesto- la última ratio constitucional, intentar parar un país entero que chapotea en medio de una crisis económica y social sin precedentes, profunda, larga, cruel y que todavía no tiene fecha de caducidad.

Riesgo social
Como ha ocurrido a lo largo de las seis huelgas generales que han tenido lugar en España desde la muerte del general Franco, un paro general (con repercusiones internacionales) siempre conlleva enfrentamientos –siquiera dialécticos-muy serios entre los distintos sectores en pugna en la sociedad. No es malo que suceda, pero tampoco hay que perder el marco general por el que estamos atravesando.

La huelga general que se hizo en su día a Felipe González cambió por completo el statu quo de aquella situación, aunque no cayera el Gobierno. ¡No sé si la actual situación general se compadece con aquella!

Por todo lo anterior me permito concluir: los violentos no son los que luchan por causas justas, sino los que oprimen.

La verdad, todo sufrimiento, tiene un límite.

Graciano Palomo es periodista y escritor, director de FUNDALIA y editor de IBERCAMPUS