21 de Mayo de 2012
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Ion Antolín Llorente
Cuestión de orden
España es un país con memoria
La sangre que ha teñido de rojo las calles y la democracia españolas es el tributo que tantos inocentes han pagado para que las próximas generaciones puedan disfrutar de un país en paz. Los muertos convirtieron el sueño de la independencia en una pesadilla de la que despertar será muy complicado para aquellos que hicieron del dolor la fórmula para cobrar una nómina. Los que nunca sucumbieron a los delirios oníricos de los autoproclamados libertadores vascos son los que han mantenido consciente a un pueblo que el terrorismo pretendía anestesiar con la medicina de la nueve milímetros. Desde el agujero de un caserío en el sur de Francia, el profesional de la muerte disfrazado de gudari pretendió dirigir el día a día y la política, a base de disparos y comunicados que ni ellos mismos comprendían. La aspiración a unos ideales socialistas era un pobre disfraz que manchaba el nombre de un partido centenario que sí peleaba por esa causa de izquierdas desde las instituciones, y no sirvió jamás para encubrir lo que en realidad era la semántica de la muerte.

Millones y millones de ciudadanos españoles son la garantía de la memoria. No harán falta partidos políticos. Tampoco serán necesarios los héroes. Jamás dejaremos que el olvido pueda empañar uno sólo de los actos de tantos y tantos que dieron su vida su vida por la paz y la libertad. La sociedad vasca, que durante décadas ha soportado en lo más profundo de su ser el delirio asesino de tantos vecinos que se echaron al monte, es hoy otro puntal para que el perdón se convierta en la piedra angular de cualquier acercamiento. Porque si aquellos que han sumido a tantos miles de personas en el dolor y arrebatado cientos de vidas, no son conscientes de su equivocación, y la asumen, estaremos poniendo cimientos de barro a la construcción de una futura sociedad en paz.

España es un país con memoria. A pesar de los dramáticos episodios que en nuestra historia reciente hemos sufrido, siempre, sin importar los obstáculos, los ciudadanos hemos reivindicado la memoria de los que murieron por la libertad, la paz y la democracia. La violencia nunca ha sido suficiente amenaza para provocarnos el olvido. No olvidamos, pero queremos perdonar. Poder contemplar a través de la televisión a un presidente del Gobierno de España anunciar el fin del terrorismo en nuestro país es una de las imágenes que guardaremos para siempre. Lo que dijeron los encapuchados en su mesa camilla, rodeados de la estética guerrillera heredada de movimientos de los que sólo pudieron ser una burda imitación, quedará para la ignominia. La historia pondrá en su sitio a quienes, sin el menor respeto por la vida, pretendieron hacernos pasar por el aro de su ensoñación patriótica. De la misma forma, también guardará un lugar oscuro para los que desde las tribunas defendieron esa miserable causa y, sobre todo, habrá mucho sitio para los que miraron hacia otro lado.

Ion Antolín Llorente es periodista y blogger
En Twitter @ionantolin

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