Llega la Semana Santa, con sus atascos, sus procesiones, y su luna llena. Quizá pase más desapercibida, pero es un elemento tan intrínseco a estas fechas como los demás. La tradición es la causa de esta coincidencia. Una tradición que se estableció en el Concilio de Nicea (año 325), cuando se decidió que la Pascua de Resurrección se celebrase el domingo después de la primera luna llena que siguiera al equinoccio de primavera (21 de marzo). Es el Domingo de Pascua, según lo conocemos ahora, y solo puede tener lugar entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

Un origen laico

Así, la Semana Santa católica se rige por la luna; es decir, una celebración religiosa deriva de la adaptación de celebraciones profanas con origen astronómico. El Viernes Santo es el primer viernes posterior a la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Esto explica también que la Semana Santa cambie de fechas cada año, y de la fecha de ésta dependen las fechas de fecha dependen otras celebraciones religiosas (como el Pentecostés y la Ascensión). Este año 2018, el equinoccio tuvo lugar el día 20 de marzo, sobre las 17h en la Península Ibérica. La primera Luna llena después de esta fecha será el viernes día 30 de marzo, lo cual fija el día 1 de abril como el primer domingo tras la primera Luna llena después del equinoccio. Por eso el próximo domingo es el Domingo de Resurrección.