Eso se preguntarán muchos de los usuarios de cigarros electrónicos que dejaron de fumar tabaco para huir de las restricciones, y se encuentran con que mucha gente no hace muchas distinciones entre una cosa y la otra. Que la forma sea similar y el vapor tan parecido al humo, no ayuda a saber si estamos en presencia de un desconsiderado que se ha atrevido a fumar en un restaurante, o ante un ciudadano concienciado que está intentando por todos los medios dejar de fumar.


Ni siquiera los expertos llegan a la misma conclusión: o es una herramienta para dejar de fumar, o una alternativa más suave pero igualmente dañina.

Para empezar, no hay que olvidar que estos cigarros pueden cargarse con un líquido completamente libre de nicotina, así que al referirnos a sus posibles efectos negativos debemos recordar que sólo un pequeño porcentaje de estos artilugios expulsan nicotina en su vapor. Además, todavía no se ha demostrado que esa nicotina inhalada por el “vapeador pasivo” sea nociva para el organismo.

Las críticas pueden ir más en el camino de que si parece tabaco, y parece humo, y lo usan las estrellas (Leonardo Di Caprio, Kate Moss o Johnny Depp son algunas de ellas)… ¿será un modelo para que no fumadores se inicien en el vicio? Es decir… ¿existe la posibilidad de recorrer el camino en sentido inverso (no alejarse del tabaco, sino acercarse?).

Estados Unidos, en esto como en muchas otras cosas, lleva la delantera en cuanto a estudios respecto al tema se refiere. Aunque la legislación para estos artilugios funciona a nivel local o estatal, se espera un informe de la Agencia de Control de Alimentos y Medicamentos (FDA) que concluya qué elementos de estos cigarrillos son nocivos para la salud, si es que los hay, y a partir de ahí legislar en consecuencia.

Mientras, los vapeadores tendrán que seguir aguantando miradas de incredulidad, desconcierto o envidia, envueltos en cierta niebla de alegalidad.