Sociedad

cabecera_futuro_950.jpg

Cadáveres políticos… a sablazos

Si es necesario morir en política por unos trapos sucios, que sea por cubrir las espaldas a una reina golfona. Si se dimite que sea por todo lo alto

24
Jue, 26 Abr 2018

Ríanse de los cadáveres políticos de la actualidad, hace justo 161 años también hubo dos políticos que fueron eliminados por sus propios compañeros, ahora bien… el método fue menos sutil que en nuestros días, en aquel entonces prefirieron matarlos a sablazos.

Estamos en el año 1857, en España reinaba Isabel II cuya intensa vida de alcoba fue injustamente criticada por no pocos hipócritas que jamás reprocharon los desenfrenados trajines de los monarcas precedentes.

Los escarceos amorosos fueron y siguen siendo criticados en la figura de Isabel II pero ensalzados en los monarcas varones, como si solo los hombres tuvieran derecho a ser unos fieras en la cama. Fuente: Pinterest

Los escarceos amorosos fueron y siguen siendo criticados en la figura de Isabel II pero ensalzados en los monarcas varones, como si solo los hombres tuvieran derecho a ser unos fieras en la cama. Fuente: Pinterest

Sea como fuere Isabel II, una mujer casada contra su voluntad con su primo hermano de clara orientación homosexual, disfrutó, como el jefe de estado que era, de una fogosa vida sexual. Pero mire usted por dónde,  tal día como hoy, a su desinteresado esposo Francisco de Asís y Borbón, (también conocido como Doña Paquita) le dio por acudir a los aposentos de la reina en el Palacio Real de Madrid.

Ella había dado orden expresa de no ser molestada y desconocemos por tanto qué hacía aquella noche del 26 abril encerrada en su dormitorio, pero si uno echa cuentas es muy probable que estuviese haciendo al futuro Alfonso XII. Lo cierto es que su esposo se empecinó en acudir a verla.

El rey consorte, como es lógico, se importunó ante la posibilidad de que estuviese concibiendo un heredero sin avisarle y montó en cólera a las puertas de la antecámara, porque no se crean ustedes que en el Palacio Real con echar el pestillo basta. La reina había dejado dos conserjes impidiendo el paso a cualquiera.

Tales porteros eran el general Narváez y Joaquín Osorio un joven treintañero que siendo hijo de unos grandes de España aprendía junto a Narváez los secretos de la política en misiones diplomáticas tan exóticas como aquella guardia nocturna en la alcoba de la reina.

Desconocemos con exactitud cómo se desarrolló la escena, pero el rey Francisco de Asís y Borbón ya debía sospechar que el acceso a su propia cama no iba a ser tarea fácil, quizá por ello se hizo acompañar por el ministro de guerra Juan Antonio Urbiztondo, un capitán general de armas tomar con el que el enfrentamiento entre Paquito Natillas (como era conocido Francisco de Asís) y el general Narváez estaría más equilibrado.

Juan Antonio Urbiztondo, ministro de guerra y hombre de sable fácil, todo lo contrario que el rey Francisco de Asís y Borbón. Fuentes: i.pinimg.com y todocoleccion.com

El cronista Pedro de Répide en su libro Isabel II, reina de España postula que después de una monumental bronca los cuatro caballeros pasaron a las manos, resultando mortalmente herido Joaquín Osorio por el espadón de Juan Antonio Urbiztondo a lo que Narváez respondió con otro sablazo mortal que acabó con la vida del bravucón ministro de guerra.

Resultado: un joven aristócrata y un veterano militar muertos en la antecámara de la reina. El suceso se camufló gracias a las páginas de los diarios La Época y La Discusión, que atribuyeron estas muertes a fulminantes enfermedades que por casualidades de la vida acontecieron en el mismo día.

También en esta historia los periódicos conservadores dieron su peculiar punto de vista

Por si fuera poco jaleo político, a los pocos meses, José Osorio, hermano de uno de los fallecidos, acabó siendo nombrado alcalde de Madrid y tiene gracia que un alcalde tan cercano a aquellos trapos sucios se hiciese famoso por sus medidas a favor de la higiene de la ciudad.

Quién sabe si de seguir este paralelismo entre los cadáveres políticos de ayer y hoy, ganemos al menos los madrileños una mejoría en alcantarillado o basuras gracias a las turbulencias de estos días.

 

Miguel Zorita es cronista y licenciado en Bellas Artes y autor entre otras obras de Cervantes Madrid y el Quijote (Ed. La Librería).