Sociedad

Derechos trans y libertad de expresión de las mujeres

Una mujer trans acusó a Rose McGowan de que a su feminismo no le importaban las mujeres trans en cárceles de hombres ni que fueran violadas y asesinadas

María Luisa Latorre *
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Mar, 13 Feb 2018

El 31 de enero de este año, la actriz estadounidense Rose McGowan asistió a un evento publicitario en una librería de Nueva York sobre su libro “Brave” (valiente, en inglés). Durante la charla, contestó preguntas del público, hasta que una mujer trans le acusó de que su feminismo era solamente para las mujeres “cis” y que no le importaban las mujeres trans en cárceles de hombres ni que fueran violadas y asesinadas. McGowan contestó a gritos que no era verdad, hubo un careo entre lxs dos y por fin el equipo de seguridad se llevó a la mujer trans del lugar.

McGowan ha estado muy presente en los medios últimamente. Ha denunciado que Weinstein intentó violarla y ha criticado muy duramente la complicidad que existe en Hollywood en cuanto al problema del acoso y los ataques sexuales a actrices. Que una mujer trans haya elegido ese momento de vulnerabilidad de McGowan, comentando su acoso sexual, para intimidarla dice bastante del estado del activismo a favor de las personas trans, y de lo lejos que están dispuestas a llegar para conseguir sus objetivos. La actriz está tan afectada que ha cancelado otros eventos para promocionar su libro.

Opiniones sobre este incidente hay de todo tipo, pero la lectura que hago desde el feminismo radical es que McGowan fué acosada y mandada callar por el activismo a favor de las personas trans, algo que lleva años ocurriendo fuera de nuestras fronteras y poco a poco en España también.

El silenciar a las mujeres es algo que el patriarcado hace muy a menudo, sólo que ahora no es el típico machirulo que lo hace, si no otro colectivo oprimido y quienes lo apoyan. Pasa todo el tiempo. Es la disculpa de Dolera tras su comentario del “campo de nabos feminista”, es el acoso por los medios sociales de feministas radicales, es el desinvitar a feministas a charlas y conferencias que van a impartir en universidades (como ha pasado con Germaine Greer, Julie Bindel y Linda Bellos), son las palabras de June Fernandez de Pikara a sus lectoras feministas pidiéndoles que vigilen su lenguaje, es el decirnos a las mujeres que hablar de nuestro coño es transfobia. Es también el insulto TERF (Transexclusionary Radical Feminist, en inglés) y amenazarnos con violencia por internet, o llevarla a cabo en la vida real, como en este evento en Londres, donde feministas iban a hablar sobre lo que es el género y un activista trans le pegó a una mujer de 60 años por grabar la charla. En Londres también la organizadora de la Feria del Libro Anarquista, Helen Steel ha tenido que cancelar dicho evento, después de haber sido denigrada, insultada y amenazada por el activismo trans simplemente por permitir que se dejaran folletos sobre los cambios que propone el gobierno inglés a la actual ley sobre género (Gender Recognition Act) desde una posición feminista. Dice Steel que un número de activistas la rodearon y amenazaron mientras la llamaban “perra TERF”.

El pasado 6 de Febrero en una marcha para celebrar el centenario del sufragismo en Inglaterra. (), allí estaban gritando que las sufragistas solo habían luchado por las feministas blancas y “cis”.

Todo esto es simplemente, censura. Y como se nos censura casi siempre a nosotras, a esa mayoría tan minoría, o sea, a un colectivo que ha sido historicamente silenciado, estamos hablando de opresión. Y que venga de machigarrulos o de hombres que dicen ser mujeres no cambia nada.

Curiosamente, ni en España ni fuera de nuestras fronteras veo al activismo trans acosando a hombres al salir de un partido de fútbol, ni tampoco a soldados en esa celebración del orgullo heterosexual que es el Día de las Fuerzas Armadas. No, es a feministas a quien dirigen su ira, en los medios y fuera de ellos, como pasó en Bristol, donde vivo, el pasado 6 de Febrero en una marcha para celebrar el centenario del sufragismo en Inglaterra. En efecto, allí estaban gritando que las sufragistas solo habían luchado por las feministas blancas y “cis”.

Sorprende bastante el silencio en los medios sociales de otras feministas radicales y de abanderadas de la libertad de expresión, cuando se ve a otra mujer o feminista ser atacada por activistas trans al grito de transfobia, simplemente por decir que sexo y género no son lo mismo o que igual el medicar a un menor con un tratamiento de hormonas (que tendrá que seguir de por vida) no es buena idea. El “feminazi” que los machigarrulos han usado toda la vida para mandar callar a las mujeres ha sido convertido en “tránsfoba o TERF”.

Pero por otro lado, tal vez no debería sorprenderme; las mujeres hemos sido socializadas para callar y para considerar las injusticias prójimas como más graves que las nuestras, y ciertamente el colectivo trans ha sido y es perseguido… Aunque no por las feministas, sino por los hombres. Son ellos quienes cometen las violaciones y los asesinatos, pero curiosamente, (o igual no, ya que las mujeres trans han sido socializadas como hombres y vivimos en un sistema patriarcal) somos las mujeres y sobre todo las feministas a quienes censuran. La misoginia es profunda.

Como comento arriba, muchas feministas -y no necesariamente liberales- me llaman exagerada cuando toco la temática trans, o dicen que sólo hablo de un sector del activismo trans. Pero no es verdad. Ciertamente la mayoría de los casos de feministas radicales que han sido atacadas han ocurrido en paises anglosajones, aunque con el trámite de la nueva ley de género, es de esperar que el acoso a feministas sea más intenso en España también. Sin ambages digo que el discurso normativo actual, referente a los derechos trans es anti-feminista. Cuando ves a organizaciones pro-mujer cambiando el lenguaje relativo a la anatomía femenina y hablando de “seres menstruantes” se ve muy claramente por donde van los tiros. O como cuando el partido laborista inglés elige a una mujer trans de 19 años como cabeza de un comité para mujeres, Lily Madigan, quien organizó una campaña de acoso y derribo hacia la lesbiana pro-sindicato, y veterana del partido laborista Anne Ruzylo simplemente porque ésta tenía reservas sobre el cambio a la ley y como afectaría a las mujeres. El panorama se ve descorazonador.

Y todo esto es una pena, ya que las mujeres y las mujeres trans en efecto tenemos en común el ser víctimas de violencia patriarcal, aunque no de igual manera y me imagino que por razones distintas. Hace falta diálogo racional para tratar lo que nos une y lo que nos separa, pero éste no se puede llevar a cabo cuando comentas que tal vez no sea buena idea el poner a un violador, quien dice ser mujer, en una cárcel de presas y enseguida te dicen que eres una tránsfoba, y punto.

De la problemática de las mujeres trans en cárceles de mujeres y de otros temas estuvimos hablando el dia 8 de febrero en Bristol. A día de hoy, en Inglaterra las personas trans tienen que completar un proceso algo complejo para poder cambiar de identidad. Deben obtener un certificado que dictamine su disforia de género y vivir con la identidad deseada durante un par de años (Gender Recognition Act, 2004). El actual gobierno inglés, de derechas, ha mostrado su deseo de modificar la ley para que se iguale a leyes similares en otros paises, y así las personas trans podrán agilizar el proceso de cambio. Esto significa que la disforia de género será eliminada como requisito para que una persona se cambie el sexo de forma legal, y lo podrá conseguir a voluntad.

Para poder hablar de la preocupación que esta situación causa a mujeres y feministas (me explayo más abajo), y temiendo violencia trans, la charla del 8 de febrero en Bristol se organizó con la maxima discreción. Las asistentes sólo supimos el lugar el mismo día del evento y en efecto, de camino al edificio me encontré con un grupo de activistas trans en el centro de Bristol portando carteles contra la transfobia. Estas mujeres que asistieron a la charla eran de todas las edades y clases sociales, con profesiones del periodismo a enfermeras de la seguridad social y profesoras, y para poder tratar el tema de los cambios a la ley de género nos habíamos tenido que esconder. Como criminales. Todo esto para que no nos censuraran y poder hablar libremente.

¿Y de qué temas hablabamos nosotras, las que somos insultadas como TERF? ¿Estábamos acaso maquinando como enviar a mujeres trans a campos de concentración o actos de violencia para la persecución y destrucción de la comunidad trans?

Pues no. Inglaterra tiene una ley “de igualdad” (Equality Act 2010) la cual reconoce la necesidad de las mujeres a lugares que sean accessible solamente por personas de su mismo sexo, sin intromisiones del sexo opuesto; lugares como hospitales (donde la paciente puede exigir que su ginecóloga sea una mujer), centros de atención a mujeres que huyen de violencia perpetrada por su pareja hombre etc. La ley también restringe el acceso de personas que hayan nacido como hombres a deportes y clubs exclusivos de mujeres, y permite la separación de sexos en los baños. Como en muchos sitios, los espacios exclusivamente de mujeres existen en respuesta a la realidad social de la violencia machista.

Si la ley actual se modifica y en efecto una persona se puede cambiar de sexo a voluntad, muchas mujeres y feministas inglesas temen que cualquier hombre pueda acceder a espacios solo de mujeres y perfectamente amparado por la ley.

Por ejemplo, las inglesas ya no podrían exigir que la ginecóloga fuera una mujer no-trans, y cualquier hombre, aunque tenga barba hasta las rodillas, tendría todo el derecho a estar en los baños públicos femeninos. Y teniendo en cuenta que las mujeres vivimos en una sociedad patriarcal en la que los hombres (y me refiero a los nacidos como hombres) hacen cosas como sacar fotos de mujeres en los retretes públicos, de su ropa interior bajo las faldas con los móviles en la calle o en el bus, ginecólogos que acosan sexualmente a sus pacientes y un largo etcetera de casos de hombres que invaden el espacio privado de la mujer y abusan hay bastante causa de preocupación. Como hombres es dificil, en este sistema patriarcal, denunciarlos. Si se auto-denominan como mujeres, será mucho mas complicado.

En la reunión tambien salieron otros asuntos, por ejemplo que cualquier criminal violento pueda declararse como mujer y ser trasladado a prisiones de mujeres, cosa que ya está ocurriendo en Inglaterra y otros países. De hecho, la posibilidad de declararse como mujer significa que un hombre que haya asesinado o maltratado a su pareja ya no se le podrá aplicar la ley de violencia de género. En Inglaterra y Gales, este artículo de Fair Play for Women and Girls (en inglés) dice que la mitad de los criminales trans actualmente en la cárcel han cometido crímenes de tipo sexual y son peligrosos. Meter a estos criminales convictos en prisiones de mujeres pondría a éstas en una situación de peligro añadida.

Me imagino que en España, ahora que la Proposición de ley contra la discriminación LGTB+ está en trámite, (aunque el proceso parece ser lento) veremos sucesos como estos más a menudo. Hago un inciso aquí para declarar que me choca bastante la poquísima cobertura que he visto sobre este asunto, desde una perspectiva feminista y crítica, y eso que las consecuencias son parecidas para las mujeres españolas. Se ha aplaudido esta proposición como algo progresista, y se ha ignorado como puede afectar a los derechos de más de la población del país.

Todos estos casos chocan de frente contra derechos por los que muchas mujeres han luchado durante mucho tiempo. Para poder asegurarse de que los dos colectivos, oprimidos ambos, puedan seguir protegidos hace falta seguir construyendo un debate y buscar soluciones satisfactorias, y a día de hoy no es posible. El discurso está totalmente roto a base de acusaciones de transfobia y las voces de tantas mujeres quienes tenemos objeciones perfectamente validas, están siendo silenciadas, por las buenas o por las malas. Está claro que la represión no es exclusiva de los partidos o personas con mentalidad de la derecha.

Corren malos tiempos para la libertad de expresión y los derechos de las mujeres.

*María Luisa Latorre es Feminista, "guiri" y profesional del marketing. Vive actualmente en Bristol, tras más de veinte años en Estados Unidos y tres en Japón

Este artículo es una colaboración de Tribuna Feminista