Sociedad
Pamela Casarrubios, concejal de Aranjuuez Ahora
Pamela Casarrubios, concejal de Aranjuuez Ahora

Una concejal agredida: “La actitud de la Guardia Civil y de la Policía fue de tal pasividad que no denuncié”

Asegura que quiso denunciar que un hombre se había masturbado en su presencia y la Policía alego estar ocupada con las fiestas

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Lun, 7 Ago 2017

Lamentablemente, el machismo sigue a la orden del día. Vivimos en una sociedad en la que actos de esta índole e incluso agresiones sexuales se maquillan y entienden como una mera anécdota olvidando su gravedad. Pero una agresión sexual no sólo se produce cuando una mujer ha sido violada, también cuando es vejada o tratada de forma indebida.

Con esto en la mente, la concejal del Ayuntamiento de Aranjuez por Aranjuez Ahora, Pamela Casarrubios, ha denunciado que en la noche del 22 al 23 de julio, fue víctima de una agresión sexual ante la “pasividad” de la Guardia Civil y de la Policía Local. “Mi caso es sólo uno más de las múltiples agresiones que sufrimos cotidianamente las mujeres y que quedan invisibilizadas por una sociedad a la que aún le falta mucho por avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres”.

Agresión en unos baños de un camping

Según ha relatado la propia concejala, el incidente se produjo en un camping de Oliva, Valencia, donde pasaba sus vacaciones junto a su marido y sus hijos. Allí, tuvo que vivir como un hombre se metía con ella al baño para espiarla y, al salir, comprobar que se estaba masturbando delante de ella.

“Vi cómo el hombre estaba asomado a la puerta, mirándome, y cómo al darse cuenta de que le había visto se volvía a esconder. Me puse tensa, pero intenté no darle importancia. Entré en uno de los cubículos e hice tiempo mientras intentaba escuchar algún ruido de pasos, algo que me indicara que el hombre había entrado o se había marchado ya, pero al no oír nada decidí salir. Fue entonces cuando supe que estaba dentro. Lo encontré de frente, en uno de los cubículos con la puerta entreabierta, con los pantalones bajados y masturbándose. Al verme, abrió un poco más la puerta para exhibirse mejor”, cuenta Pamela.

“Yo escuchaba a los niños que jugaban alrededor del baño y no dejaba de pensar qué habría ocurrido si hubiera entrado alguno. Mi propia hija acababa de ir poco antes que yo. Seguí al hombre hacia la salida para asegurarme de que se marchaba, y entonces fui a buscar al vigilante”.

Tras gritar, increparle y conseguir que huyera, decidió buscar al guardia de seguridad del campo teniendo en cuenta lo que había vivido y que se trata de un camping familiar donde los niños juegan cerca de los baños donde ocurrió la agresión. Y fue entonces donde, tras haber sido agredida, descubrió que no iba a recibir ayuda.

Agredida e indefensa

“Le conté al vigilante lo sucedido y él no pareció sorprenderse. Me preguntó si parecía un hombre de entre 28 y 30 años. Le dije que sí, a lo que contestó que ya se imaginaba entonces quién era, y que no me preocupara porque él ya iba a hacer la ronda”. Pero Pamela no se quedó tranquila y, como es normal, se pudo en contacto con la Policía Local de Oliva.

Su sorpresa fue mayúscula cuando, tras relatarle a un agente lo sucedido, este respondió que estaban muy ocupados. “Estaba nerviosa. Mi relato recibió la siguiente respuesta: ‘Estamos muy ocupados con las fiestas de Moros y Cristianos. Llama a la Guardia Civil’”. Tal y como ha contado la concejala, la Policía sólo accedió a mandar una patrulla cuando ella mostró su enfado, pues ni le habían pedido la descripción del supuesto agresor.

Al no quedarse tranquila, llamó a la Guardia Civil. “Me dijeron que mandarían a alguien. Ese alguien nunca apareció” y denuncia que “la sensación de apatía, de pasividad ante la agresión que acababa de sufrir, era enorme”.

Pero la historia que Pamela cuenta no acaba aquí. Continúa cuando llegaron los agentes al camping e intentaron quitarle hierro al asunto, tanto que la concejal asegura que “la actitud de la Guardia Civil y de la Policía Municipal fue de tal pasividad que me disuadió de la utilidad de poner cualquier denuncia, y sólo pude pasar la noche despierta, preocupada por si ese hombre regresaba al camping, atenta a los sonidos que rodeaban la parcela, sin poder dejar de pensar que si el vigilante sospechaba o sabía quién era, sin duda no sería la primera vez que pasaba algo así”.

Es más, mantiene que uno de los agentes intentó convencerle de que no era para tanto y que no se preocupase por lo ocurrido. “¿El qué no es para tanto? ¿Para quién?”, se pregunta la concejala.

“Lo ocurrido, que no es algo eventual, que no es una tontería ni un momento simplemente desagradable, sino que se trata con toda evidencia de una agresión sexual”, defiende y, lo más triste es que esta situación es sólo “una más entre las muchas que sufrimos cotidianamente las mujeres en esta sociedad”.

 

 

Natalia Castro es redactora de El Plural