Sorprende que el ministro opine que el Estado del bienestar está hoy en peligro con tan sólo 1.897 parados más de los que había a finales del mes anterior porque, entonces, en plena campaña electoral, ningún dirigente popular realizó afirmación alguna en ese sentido cuando había, en porcentaje, un insignificante 0,04% de parados menos. Antes al contrario, el propio Mariano Rajoy en el debate de investidura celebrado los días 19 y 20 de diciembre aún reiteraba en el Congreso de los Diputados que gobernaría con el objetivo de “fortalecer el Estado del bienestar y la imagen de España”.

El desenfrenado ritmo de contradicciones en las que está incurriendo el nuevo Gobierno  de la nación desde que se hizo con las riendas del poder está resultando casi esquizofrénico y eso que están frenando sus verdaderos impulsos, para llevar a cabo todo aquello que negaron que harían, porque las elecciones autonómicas de Andalucía están ahí encima -se celebran en el próximo mes de marzo- y pretenden, en la medida que puedan, mantener engañados a los andaluces sobre sus auténticas intenciones pues es el único bastión territorial de importancia que les queda por conquistar. La negación sobre la subida de impuestos, el rechazo a realizar recortes en las prestaciones sociales o la prioridad  absoluta en la comunicación a los ciudadanos -Rajoy está desaparecido- fueron los pilares fundamentales sobre los que descansaban las escasas promesas a las que se comprometieron en la campaña electoral.

Pero a estas alturas queda por contestar la pregunta con la que iniciaba estas reflexiones. ¿La supuesta clarividencia demostrada por Luis de Guindos al afirmar que el desempleo es “el principal elemento de vulnerabilidad de la economía española” y que el nivel alcanzado en el último registro “pone en cuestión la sostenibilidad del Estado del bienestar” puede estar mediatizada por intereses espurios al servicio de una determinada política neoliberal comandada por su jefe, el presidente de Gobierno Mariano Rajoy?

De no ser así ¿Cómo es posible que en tan sólo unos días esta persona sea capaz de diagnosticar la escasa supervivencia del Estado del bienestar en nuestro país y, sin embargo, no tuvo la misma sagacidad y talento durante dos largos años de permanencia en la empresa Lehman Brothers -el cuarto banco de inversiones del mundo del que fue su máximo directivo en España y Portugal- para diagnosticar que las hipotecas “subprime”, a las que se entregó este banco con verdadera fruición, ponían en peligro su estabilidad  hasta el punto de que terminó quebrando y significando el pistoletazo de salida de la gravísima crisis internacional que padecemos? ¿Se puede ser un perspicaz y lúcido analista para dictaminar la insostenibilidad del nuestro Estado del bienestar y no ver en sus propias narices cómo las hipotecas “ninjas” -concedidas a personas sin ingresos, sin trabajo y sin activos- iban a suponer la mayor quiebra de una empresa en la historia de la economía mundial?

Bueno, pues nuestra situación económica depende en gran medida de esta contradictoria mente. Recemos lo que sepamos y me reitero, cada vez con mayor conocimiento de causa, en lo que decía en mi penúltimo artículo: ¡¡Virgencita, virgencita que nos quedemos como estamos!!

Gerardo Rivas Rico es licenciado en Ciencias Económicas