Quien así se expresa es Ana Samboal, la periodista que sucedió a Hermann Terstch en la dirección y presentación del informativo nocturno de la televisión “pública” -teóricamente independiente, transparente y veraz- de la Comunidad madrileña; la que se conoce popularmente como TeleEsperanza. Aunque esta reflexión no la hace en el noticiario que dirige, sino en un medio de comunicación muy afín con la ideología de su jefa la señora Aguirre; en el diario del Grupo Intereconomía La Gaceta. El título de su artículo es una frase que vamos a escuchar hasta el hartazgo en los próximos meses: “La herencia recibida”.

Según el sentir de esta periodista -que comulga con el de los dirigentes del Partido Popular y sobre todo con el de su presidente que no va a incluir a Amaiur en la ronda de contactos que tendrá con el resto de los partidos con representación parlamentaria- el problema no es que ETA mate o deje de hacerlo, el problema parece ser que son los 333.628 votantes vascos y navarros que han optado por esta formación política. Pero sin olvidar tampoco a los 323.517 ciudadanos que han votado al PNV. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque son independentistas y “plantearán la irrevocable autodeterminación”.

Ha sido un valor entendido y asumido por todas las fuerzas políticas desde que se restaurara la democracia, que cualquier idea, posicionamiento o reivindicación tenía que ser asumible por el sistema siempre que se defendiera por los cauces institucionalmente establecidos y en ausencia total de violencia. ¿Por qué, entonces, la defensa de planteamientos independentistas en los Parlamentos españoles son, nada más y nada menos, que una “bomba de relojería” que tendrá “consecuencias dramáticas”?

Aunque lo extraordinariamente paradójico es que los más beligerantes en pretender negar esta posibilidad son los herederos de aquellos que fueron admitidos desde un principio en las instituciones democráticas a pesar de que, cuando menos, hubiesen sido cooperadores necesarios de un régimen que acababa de extinguirse y que privó de derechos y libertades a los ciudadanos y que procedió a ejecuciones sumarísimas de los adversarios políticos a los que acusaban de alta traición. No conviene olvidar que los fundadores del actual Partido Popular -en octubre de 1976- fueron seis ministros franquistas y un ex secretario de la Confederación Nacional de Combatientes y, tan es así, que el el actual presidente fundador de este partido es el inefable ex ministro de Información y Turismo en los años sesenta del pasado siglo, Don Manuel Fraga Iribarne.

Ahora que ya ha quedado sentenciada cual será la dirección de nuestro futuro político para los próximos cuatro años, quizás convenga recordar la opinión que sobre este asunto tenía el candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, y que reiteró en varias ocasiones durante la campaña electoral: “A ETA les hemos quitado las bombas y lo que ahora procede es quitarles los votos”. La diferencia entre una y otra postura es bastante notoria aunque no haya sido apreciada por una significativa mayoría de españoles. Es de desear que hayan acertado en la elección.

Gerardo Rivas Rico es licenciado en Ciencias Económicas