Pero poco ha durado el ensueño. Esperanza Aguirre, que iba a ser mi especial hada conseguidora en este proyecto parece que está reculando. Me había ofrecido, para contratar en régimen de semiesclavitud a los trabajadores de esta macrociudad de la cultura, el relajar al máximo la rigidez de los convenios laborales y de la Ley de Extranjería, dar un trato preferente a los foráneos e, incluso, había contemplado la posibilidad de rectificar a la baja algunos derechos de los asalariados consagrados en su Estatuto. En cuanto a los pagos a las distintas Administraciones me había, asimismo, asegurado la exención por dos años del pago de las cuotas a la Seguridad Social y de casi todos los impuestos y, por último, la Comunidad que dirige me habría cedido los terrenos que necesitase y se encargaría de la realización de las infraestructuras necesarias para el acceso a la zona, amén de insinuarme, que podría influir en la Administración del Estado para que garantizase los préstamos que tuviese necesidad en la ejecución del proyecto. Hasta 25 millones de euros, me había prácticamente asegurado, podía considerarlo como cosa hecha.

¿Qué ha ocurrido, entonces, para que mi sueño se desvanezca? Pues que un millonetis norteamericano -el número 14 en el ranking mundial con la friolera, según Forbes, de cerca de 22 mil millones de dólares de patrimonio- le ha propuesto hacer un macrocentro del juego -un megacasino tipo Las Vegas, para entendernos- y a la lideresa/presidenta se le han hecho los ojos chiribitas y ha considerado con mejores expectativas este ofrecimiento. Doscientos mil puestos de trabajo figuran como dato incuestionable en el plan presentado pero, lo más importante, ¿qué posibilidades puede tener un proyecto cultural frente a otro que ofrece vicio disfrazado de ocio o entretenimiento vinculado a la consecución de dinero fácil?. ¡Es que no se puede ni comparar!

Así que mi gozo en un pozo. Pero, como tengo que entretenerme en algo, me voy a acercar al Ayuntamiento que dirige su amiga Ana Botella y me voy a ofrecer para desempeñar algún trabajo en un servicio público. Sí, ya se que ha declarado que nos tenemos que implicar en estos menesteres para devolverle a Madrid (?) lo que esta ciudad ha hecho por nosotros (?) y que no cobraría ni un euro, pero me figuro que ella tampoco cobrará ni una chapa por su puesto de alcaldesa ¿o no?, como dice su jefe.

Yo había pensado, al ser economista, ofrecerme para auditar las cuentas del Ayuntamiento e investigar el porqué de los eventuales déficits que se hayan podido producir en esta Institución ahora que el Gobierno de la nación anda tan preocupado por los desequilibrios presupuestarios y denuncia por esta circunstancia a todas las Administraciones Públicas que no han sido gobernadas por ellos. En fin, ya les contaré, pero una cosa adelanto, si la alcaldesa cobra un sólo euro que no cuente con mis servicios. Hasta ahí podríamos llegar.

Gerardo Rivas Rico es Licenciado en Ciencias Económicas