¿Viene a cuento, si no, que cayendo la que está cayendo contra el Gobierno del PP por las excepcionales medidas que ha adoptado para reducir el déficit de las cuentas públicas -incluida la subida del IRPF- y contra el presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, por su inexplicable desaparición de los foros donde explicarlas -en el Parlamento o, en su defecto, en una rueda de prensa-, ¿viene a cuento?, digo, que el diario digital El Imparcial publique este pasado miércoles y destaque en su primera página un artículo titulado “ETA no se disuelve”?

Lo escribe alguien que, además de ilustre periodista y académico de la Lengua, es un consumado especialista en echar siempre una mano al Partido Popular cuando éste pasa por una situación delicada. Luis María Anson, que es el autor de este artículo, confesó en una entrevista publicada en febrero de 1998 en la revista Tiempo que se hubo de organizar “una operación de acoso y derribo de Felipe González porque era un hombre con una potencia política de tal calibre que fue necesario llegar al límite y poner en riesgo el Estado con tal de terminar con él”.

En aquella ocasión utilizó la guerra sucia contra ETA -el GAL- para montar la operación de acoso y derribo de los gobiernos socialistas que se sucedían inexorablemente ante la desesperación de la derecha ultramontana y hoy, ante los primeros problemas serios de credibilidad del Gobierno del PP, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras pretende también utilizar a la organización terrorista vasca para sacarle las castañas del fuego. El éxito de aquella operación, aunque desestabilizadora del Estado, le alienta para seguir explotando el mismo rico filón ante la opinión pública.

Termina Anson el citado artículo afirmando que “Aznar dejó una ETA moribunda. Zapatero la resucitó y hoy, en algunos aspectos, está más fuerte que nunca. Ha dejado de matar porque ha conseguido una parte sustancial de sus objetivos. Ya está en las instituciones del Estado. Más adelante, cuando manipule por el miedo las próximas elecciones y quiera alzarse con nuevas conquistas, como Navarra y la independencia, volverá a chantajear a la democracia española con la extorsión y la violencia. Y si le resultara conveniente, mataría de nuevo. Esa es la triste herencia que ha dejado Zapatero, mucho más dura que la económica”.

Deseo no tener que rebatir estas descabelladas reflexiones del ilustre periodista porque si ello fuera necesario es que el grado de esquizofrenia de nuestra sociedad sería peor de lo que pueda deducirse de los últimos resultados electorales. Zapatero resucitador de ETA, Zapatero responsable de los votos emitidos por los ciudadanos vascos, Zapatero haciendo posible la entrega de Navarra y la concesión de la independencia del País Vasco a ETA y, por último, Zapatero culpable de las futuras y eventuales matanzas de ETA. Barbaridades “in crescendo” que no pueden ser justificadas de ninguna manera aunque fueran proferidas para salvarle los muebles al Gobierno de la nación.

Pero la enseñanza que nos queda por extraer de todo ello es que si Anson se atreve a hacer este tipo de reflexiones, a sabiendas de que no responden a la realidad, porque ni Zapatero ha resucitado a ETA -antes al contrario ha conseguido que sus miembros cesasen en la violencia-, ni ha votado en las elecciones generales por los vascos, ni entregado Navarra, ni concedido la independencia a esta Comunidad, ni mucho menos sería responsable de eventuales nuevas matanzas de ETA en el futuro; si se atreve Anson, repito, a hacer estas reflexiones es porque sabe que pueden ser creídas y que son un medio eficaz para distraer la atención de una porción nada despreciable de la ciudadanía sobre las actuaciones del actual Gobierno.

¡¡Y al PSOE se le está exigiendo un profundo debate autocrítico e ideológico para que transmita a la sociedad un mensaje renovado del ideario socialdemócrata!! A unos tanto y a otros tan poco y, sin embargo, los otros arrasan en las urnas. Tenemos que hacérnoslo ver.

Gerardo Rivas Rico es licenciado en Ciencias Económicas