Se estrena la extraordinaria "Regreso a Ítaca", del cineasta francés Laurent Cantet, co-escrita con Leonardo Padura, una obra tan divertida como desoladora sobre unos personajes desencantados y desilusionados. Hablamos con Cantet sobre su película.


-Después de una película como Foxfire, sobre la juventud, rodada en inglés, con escenarios más amplios y una producción en apariencia más ambiciosa, en Regreso a Ítaca propones una película de dos únicos escenarios, con un reparto más maduro y rodada en español.


La película comenzó a gestarse antes de Foxfire, después de 7 días en la Habana, porque quince minutos fueron muy pocos. Pero decidimos esperar un poco de tiempo y cuando terminé aquella Leonardo Padura y yo descubrimos que queríamos seguir hacia delante. Intento que cada película que hago sea totalmente diferente a las anteriores y no suelo pensar en ellas cuando preparo otra película. Por eso mucha gente dice que mis películas no se parecen entre sí, lo cual es solo cierto a medias. El presupuesto amplio es algo de lo que huyo, porque genera muchos problemas de control y libertad con respecto al resultado final así como al proceso de realización. Se exige que tengan taquilla y no me interesa eso. El volver a realizar una película más barata fue incluso bueno para mí, por ejemplo, me alejó de la producción de Foxfire.


-Francés, inglés, castellano, has rodado en varios idiomas, dos de ellos que no son tu lengua madre, ¿cambia en algo el rodaje? También amplia tu cine, te permite ser tú mismo al acercarte a contextos y culturas diferentes.


Sí, pero también me permite tener que ir a otros lugares de forma mental, no caer en lo convencional. Me exige más porque me sitúa fuera de mi contexto, y eso es muy positivo. Es un reto constante, lo cual evita que repitas en tu cine. Es una situación que se adecua a mi intento de en cada película crear algo diferente aunque consecuente con mis obras anteriores.



-Regreso a Ítaca alterna momentos divertidos con otros muy duros, ocasiona que el espectador no se sitúe en un lado u otro.


Es verdad. Porque es algo muy cubano. Ellos son así, llenos de contrastes. Son capaces de hablar de lo más trágico entre risas pasando de un estado de ánimo a otro de manera abrupta pero siempre con alegría. Intenté que el ritmo de la película fuera ese, porque si con la forma de la película conseguía transmitir la forma de ser de los cubanos, conseguiría transmitir la historia mucho mejor.


-También, creo, es quizá tu película más melancólica.


Una doble melancolía, de hecho. Y es verdad, nunca antes había realizado una película tan melancólica. Por un lado, a lo que pudo ser y no fue, y que los personajes lo enfrentan, cada uno a su modo; por otro lado, a lo que se dejó de manera física por parte del personaje que regresa, de ahí su título. Es una melancolía en varios sentidos.


-En tus películas siempre hay conflicto, lo cual es magnífico, sobre todo porque son conflictos abiertos.


No me gusta ser maniqueo, pero sí que los personajes tengan conflictos, enfrentamientos, tanto externos como internos. Es más, me interesan los personajes con quienes no comporta cosas, porque me ayudan a distanciarme de ellos para comprenderlos mejor; cuando compartes todo con un personaje, en ocasiones, te es demasiado sencillo trabajar a partir de él, sin embargo, cuando se crea una distancia, la exigencia es máxima, te obliga a tener que indagar más él. No me gustan, como espectador, las películas que te posicionan fácilmente entre el bien y el mal, porque no creo en ello.  Las cosas no son tan sencillas, no están tan compartimentadas. Y como director no quiero hacerlo. Las personas somos así, abiertas y contradictorias, y tenemos lo bueno y lo malo en nuestro interior. Estos personajes tienen dobleces, son más inesperados. Algunos tienen cosas que no me gustan, pero también hay que intentar entenderlos. Sé que supone una postura para el espectador más incómoda que si les diera todo de manera más cerrada, más reconocible, pero de esta manera creo que el cine se vuelve más inoperativo, menos interesante.



-Tus personajes son siempre extremos, es decir, los sitúas en un momento de su vida de decisión, de enfrentamiento, pero en esta película, además, hay un triple enfrentamiento: ante el pasado y el presente, entre ellos y consigo mismos.


Sí, me gusta situarlos, y con ellos a mí, en posiciones de enfrentamiento, ya sea externo, ya sea interno o ambas cosas. En realidad, si recuerdas al profesor de La clase, quería a través de él hablar de problemas reales más amplios que se sucedía, y se suceden, en Francia. Ahora, más o menos, he trabajado lo mismo aunque quizá desde una postura política más clara. Me gusta trabajar lo íntimo para hablar lo de general, ver cómo lo íntimo afecta a lo general y viceversa.


-Todos ellos han vivido con heridas, con secretos, pero ha salido hacia delante. Hay de derrota en todos ellos pero también algo de victoria.


Bueno, hay más derrota que victoria, pero todos han conseguido llegar hasta ahí. Aunque haya mucho dolor en ellos.


-En el fondo, aunque la historia habla de unas circunstancias muy concretas hay una resonancia al presente general, al desencanto en el que vivimos en el presente.


Sí, era la manera de situarme en la historia de manera más personal. En este mismo yo mismo vivo el desencanto, la desilusión. Y el miedo. Como esos personajes. Porque no sabemos cómo van a ir las cosas, no sabemos qué está pasando. Cada día sucede algo y la incertidumbre es enorme. Ellos viven así y salvando las distancias me sucede algo parecido. No sé si ahora es momento o no de luchar por unos ideales, a dónde nos llevará. A este respecto, la película trabaja una historia y un marco muy concreto pero tiene una lectura presente, como dices, muy clara. Y me gusta que sea sí.