El capitalismo, respecto al comunismo, se comporta con cierta similitud. Si no en el fondo, en la forma sí. Nos coloca el señuelo. Nos hace oír el canto de sirena del progreso, de la libertad, de los derechos humanos, y de un estado del bienestar más acorde con la civilización occidental. Y es verdad. El sistema debería funcionar. Pero, a veces, no funciona. No funciona porque los manipuladores utilizan el sistema en beneficio propio. Sus administradores lo corrompen.

Es un sistema, con un señuelo más atractivo, más moderno, pero que si no tiene freno se derrumba. No por el invento, sino por los que lo aplican. Se impone una reacción política urgente, para evitar otro tipo de reacciones que la historia nos muestra. Reacciones a las que, a veces, hay que aplicar aquello de que “es peor el remedio que la enfermedad”. Pero eso es otro tema.

Hoy, si Chesterton viera la crisis económica, los mercados, la burbuja inmobiliaria, la crisis de la deuda, los ajustes y las reformas laborales, diría: “conspiración de cobardes”.

Julio García-Casarrubios Sainz
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