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Valerio y Mateo, en plena investigación. (Fuente: Movistar+)
Valerio y Mateo, en plena investigación.
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Movistar+

Crítica: ‘La peste’, el thriller como excusa para el comentario social

La serie de Movistar+ es un inmersivo viaje a la vida cotidiana en el siglo XVI

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Vie, 12 Ene 2018

La corrupción y la picaresca, entendida en el peor sentido de la palabra, siempre han estado presentes en la sociedad española. Pon a una persona sin escrúpulos en medio de una situación terrible, y encontrará el modo de aprovecharse de ella en su propio beneficio. La crisis es una oportunidad es la frase sobre la que se construye, y de desmonta, La peste, la ambiciosa serie creada por Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, que nos lleva a un siglo XVI en el que convivían las mayores riquezas y la miseria más indecorosa.

La sinopsis puede contarse en pocas palabras; Mateo (Pablo Molinero) tiene que regresar a Sevilla, de donde huyó perseguido por la Inquisición, para cumplir la última voluntad de un viejo amigo que acaba de fallecer. Tiene que encontrar a su hijo, bastardo, y sacarlo de la ciudad. Sin embargo, la Inquisición acaba atrapando a Mateo y le ofrece un trato para eludir su castigo: si encuentra a la persona que está asesinando a importantes personajes de la ciudad, será perdonado.

Este punto de partida, y el hecho de que Mateo sea un hombre racional que sostiene varias discusiones metafísicas con el inquisidor que lleva su caso, pueden situar La peste en la inevitable senda de El nombre de la rosa y de Guillermo de Baskerville, el monje encargado de investigar esos asesinatos en una abadía. La peste, sin embargo, quiere más allá del debate filosófico sobre la risa o la importancia de las palabras; aspira a que el espectador actual se sumerja en el esplendor y el horror del siglo XVI y trace por su cuenta paralelismos con la actualidad.

Zúñiga, el especulador dispuesto a todo para no perder sus ganancias. (Fuente: Movistar+)

Porque hay muchas conexiones entre aquella Sevilla poderosa, puerta a Europa de las riquezas de América, a punto de ser asolada por una plaga de peste negra, y la crisis actual. Los prohombres de la ciudad viven a espaldas de la calle, de la gente pobre, y cuando aparecen los primeros casos, creen que si hacen oídos sordos y confinan la enfermedad a las chabolas fuera de las murallas, podrán seguir con su día a día como si no pasara nada.

La podredumbre no se puede detener de esa manera porque está en el interior de las personas. El estilo austero de Alberto Rodríguez al desplegar la historia y las motivaciones de los personajes resulta muy efectivo para que no nos perdamos en la impresionante recreación de la época, que consigue que hasta el olor traspase la pantalla. En los dos primeros capítulos queda muy claro que la investigación del asesinato, el thriller, va a ser la excusa perfecta para abrir el campo de lo que La peste nos va a mostrar.

Y eso es la vida cotidiana de la Sevilla de finales del siglo XVI y sus contradicciones. El comercio con América hizo ricos a unos cuantos de sus habitantes, como Zúñiga (Paco León), y por continuar ganando dinero son capaces de poner en peligro a toda la ciudad. Ese mismo comercio hizo que mucha gente llegara a Sevilla buscando una oportunidad para mejorar su vida, y sólo encontró pobreza y enfermedad. Y a todas esas personas se las controlaba a través de la religión, se buscaba que siguieran creyendo en supersticiones absurdas para controlarlas a través del miedo.

Teresa de Pinelo es uno de los personajes con mayor potencial. (Fuente: Movistar+)

No es fácil salirse de esas convenciones sociales, y la serie muestra cómo intentan salir adelante quienes dejan de encajar en ellas, ya sean los “luceros”, los niños huérfanos que viven en la calle (que dejan una de las escenas más inquietantes del primer capítulo), las mujeres viudas que quieren valerse por sí mismas (como Teresa de Pinelo, uno de los personajes con mayor potencial) o el propio Mateo, alguien que aplica la razón y la lógica y que intenta que el hijo de su amigo, Valerio, abra los ojos y deje de refugiarse en las supersticiones.

El arranque de La peste sirve, sobre todo, para que los espectadores se familiaricen con ese mundo y aprendan sus reglas. Los pobres valían muy poco y los ricos los “compraban” y los utilizaban a su antojo, y la Inquisición tenía el poder absoluto para controlar cualquier elemento que se saliera de lo que se consideraba el “orden normal”. Un orden normal que ellos fijaban y que estaba sujeto a su interpretación (hay una discusión sobre una traducción de Apuleyo entre Mateo y el inquisidor Celso de Guevara que resulta muy reveladora).

Sin embargo, la serie se cuida también de que sus personajes tengan diferentes matices. Y de que no sean arquetipos del siglo XXI transplantados al XVI, sino que sean de verdad personajes de ese siglo, un siglo en el que un niño no era visto como algo especial; si era pobre y vivía en la calle, su valor era tan nimio como el del resto de pobres.

La peste empieza prometiendo grandes cosas, y dando tiempo a que el fresco completo que Rodríguez y Cobos quieren pintar vaya apareciendo poco a poco ante nuestros ojos. No es un thriller trepidante (al menos, no en los dos primeros episodios), sino que quiere llegar a un lugar más profundo. Y es fácil perderse en esa Sevilla recreada con tanto nivel de detalle.

La primera temporada de ‘La peste’ está disponible completa en el servicio VOD de Movistar+.

 

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