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Crítica: ‘Peaky Blinders’ nos regala otro temporadón

La cuarta temporada acaba, como nos tiene acostumbrados, por todo lo alto

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Mié, 10 Ene 2018

Peaky Blinders nos tiene acostumbrados a grandes finales de temporadas, siempre se va por todo lo alto, con escenas de confrontación épicas y la sensación de peligro y debacle inminentes. En todos sus últimos episodios, la serie de Steven Knight cumple con creces al resolver el conflicto principal y planta las semillas para la siguiente entrega. El desenlace de la cuarta no ha sido la excepción, fue un episodio lleno de giros, sorpresas, emoción y tensión.

Tal como habían quedado las cosas el año anterior, con el noventa por ciento del clan Shelby tras las rejas, el panorama se dibujaba harto complicado para Tommy. También para la serie que, de haber querido, podía haber dejado durante algún episodio más a los personajes en prisión bajo peligro inminente de la horca. Pero no era eso lo que le interesaba contar, y muy pronto encuentra la excusa perfecta para reunir de nuevo a la familia: la necesidad de aliarse para protegerse de un poderoso enemigo común: los Changretta, un hilo que había quedado colgando al inicio de la temporada anterior.

El villano 

La vendetta de estos mafiosos italianos, encabezada por Luca (Adrien Brody), su palillo en boca y sus secuaces parecía imparable. Ya en el primer episodio, una hora de televisión magnífica, la serie nos sorprende y nos despide de John Shelby. Las relaciones entre la familia están totalmente erosionadas, pero el bien común es lo más importante y a partir de aquí tendrán que tomar decisiones porque la guerra está servida definitivamente.



Otros personajes nuevos

Jessie Eden

Jessie Eden existió en la vida real y forma parte de la historia de la lucha sindicalista en el Reino Unido. Su nombre llegó a los titulares en 1926 cuando lideró a las trabajadoras de la fábrica Joseph Lucas para que se unieran a la huelga general de 1926, y en 1931 consiguió que 10000 mujeres declararan la huelga durante una semana en un hecho sin precedentes.

Aunque el historiador Graham Stevenson ha declarado en algunas entrevistasque el retrato que hace Peaky Blinders de la época no se ciñe a la realidad, ni en cuanto a las fechas en las que la serie propone que ocurrieron los hechos, ni en cómo se comportaría una mujer en aquel momento (se refiere a la primera escena de Jessie en la que entra a un baño de hombres), reconoce que es un un buen homenaje a una figura histórica que no ha recibido el reconocimiento que se merece.

Me gustó tanto la introducción del personaje de Jessie Eden, su escena con Ada en el bar y cada confrontación con Tommy que, a nivel personal, me dio pena que fuera usada por él como uno de sus ases bajo la manga. Pero, como digo, es un asunto de preferencia personal, a nivel narrativo no tengo ninguna queja: Jessie fue un instrumento para Tommy, no uno del guion.

Aberama Gold

Aberama y su pelo, el personaje interpretado por Aidan Gillen, sí puede apuntarse al pie de página como desaprovechado. Tiene buenas escenas y, aunque está presente durante toda la temporada, no termina de tener la relevancia que podíamos esperar, más allá de ser tío del boxeador cuya pelea serviría de escenario y analogía para el gran enfrentamiento final entre los Changretta y los Shelby.

Los puntos fuertes de la temporada

En el apartado técnico Peaky Blinders siempre ha sido y sigue siendo prodigiosa. El tratamiento de la luz en cada escena es soberbio y la serie es muy ambiciosa cinemáticamente.

Con un reparto de actores tan espectacular cada cara a cara nos deja una escena para enmarcar. En esta temporada son especialmente memorables cualquiera en la que aparezcan y/o compartan plano Luca, Tommy, Polly y Alfie Solomon. No hay premios Emmy, Bafta, Globos de Oro ni Óscar® suficientes para estos actores.

El duelo final en la playa entre Tommy y Alfie. Tener conciencia de su enfermedad hizo que el personaje interpretado por Tom Hardy abrazara una filosofía de perdidos al río con la que no temía por la consecuencia de sus acciones. Sabíamos que iba a morir tarde o temprano, de un balazo o por el cáncer, pero lo echaremos de menos. Aunque después de lo de Arthur, ni siquiera un ataúd nos garantiza la muerte de un personaje, esta escena funciona muy bien como despedida. (Me gustaría ver al perro jugando con Charles y Ruby, los hijos de Tommy, en la próxima temporada).

El retrato que la serie hace de los personajes femeninos es siempre destacable, tienen agenda y relevancia en un universo que, si quisiera, podría prescindir de su presencia y justificarlo con la excusa del rigor histórico o las costumbres de la época.

“You don’t fuck with the Peaky Blinders”.

  • No suelen gustarme las falsas muertes en un guión, pero tengo que reconocer que en esta ocasión fue satisfactorio, lo disfruté y me lo creí. Que muriera John en el primer episodio y Arthur en el último funcionaba como el cierre de un círculo y me pasé toda la escena de la pelea gritándole a Tommy (a la pantalla) que hiciera caso de las sospechas de su hermano. No lo vi venir, en la escena con Luca parecía que todo estaba perdido y cuando aparece Arthur el efecto en mí fue total. Y no fue la única vez que la serie usó la carta del engaño durante la temporada, también lo hizo con la supuesta traición de Polly y su trato con Luca. En mi caso funcionó en ambas ocasiones y no me sentí estafada.

  • No todo es acción, giros de guion, planos a cámara lenta y musicotes en la serie. El envoltorio es espectacular y eso es innegable, pero no es una serie definida por el efectismo, también explora la oscuridad, la tortura del sentimiento de culpa y los traumas de los personajes. Cada victoria al final de temporada hace que el peso de la sangre Shelby sea más intenso, como si fuera una maldición gitana. Unos fantasmas que no desaparecen ni con la ginebra que ha sido destilada para la erradicación de la tristeza incurable.

Qué nos espera en la quinta temporada

Con una de sus habituales cartas dirigidas personalmente a Churchill hemos dejado a Tommy Shelby como miembro del parlamento por el partido laborista del distrito de Birmingham sur a cambio de proporcionar información del partido comunista, otro peldaño en la escala de poder de la familia que ofrecerá un nuevo tablero de juego. Situación que, por cierto, sirvió para dejarnos una de las grandes escenas de la temporada: las mujeres ejerciendo su recién adquirido derecho al voto.

Y, por supuesto, queda la puerta abierta para la entrada de Al Capone, el as bajo la manga en forma de “los enemigos de mis enemigos son mis amigos” con el que le ganaron la partida a los Changretta. Michael está exiliado en Nueva York, por lo que existe la posibilidad de la introducción de esta mítica figura en la serie, aunque no sabemos si Steven Knight está interesado en incorporar nuevas localizaciones a la trama.

En cualquier caso, habrá que esperar porque la quinta temporada de Peaky Blinders no llegará hasta 2019.

Las cuatro temporadas de ‘Peaky Blinders’ están disponibles en Netflix.

 

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