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Una imagen de ‘Oro’. (Fuente: AMC)
Una imagen de ‘Oro’. (Fuente: AMC)

Crítica: ‘Oro’, codicia y aventuras en una selva hostil

La serie de AMC promete acción y tensión en la Guayana Francesa

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Lun, 8 Ene 2018

La Guayana Francesa puede ser ahora el lugar que alberga el puerto espacial de Europa, las instalaciones desde las que se lanzan al espacio los cohetes Ariane, pero durante mucho tiempo fue la colonia a la que se mandaba a los parias, a las personas que ya no tenían un lugar en la sociedad de la metrópoli. Y también a los que querían buscar una oportunidad para hacer fortuna, de la forma que fuera.

Fortuna era lo que buscaban los miles de personas que viajaron a California y a Alaska en el siglo XIX en plena “fiebre del oro”. La promesa de grandes riquezas, de dinero fácil y rápido empujó a todos esos hombres a superar terribles penalidades en territorios hostiles, en lugares donde, realmente, no había tanto oro y donde sus vidas valían mucho menos que la pepita más pequeña que pudieran encontrar.

Oro no está ambientada en el Salvaje Oeste, ni en el siglo XIX, pero mantiene parte del aura de esas historias de la “fiebre del oro”. Su protagonista, Vincent, es un joven estudiante de geología en París que debería ser la “élite”, como le repiten constantemente, pero que en realidad es prácticamente expulsado por su facultad y acaba en un sitio donde nadie quiere ir, con una beca para realizar prospecciones de terreno para una compañía minera en la Guayana Francesa.

No sabemos la razón por la que la prestigiosa Escuela de Minas parisina lo echa sin contemplaciones, pero sitúa a Vincent en un punto de partida interesante en la serie: en Francia, es un apestado; en Guayana, lo consideran un niño mimado. Para él, todo es nuevo, y también se nota enseguida en sus ojos la chispa de la codicia. Si su compañero en su nuevo trabajo se dedica a buscar nuevos yacimientos de oro, ¿cómo es que no se ha hecho rico en estos veinte años? ¿Podría haber ocurrido?

Vincent es, al mismo tiempo, demasiado ingenuo y demasiado ambicioso. Desconoce las reglas que rigen el juego en la selva, y no es capaz de resistirse a la tentación de pensar que, a lo mejor, él puede ser de los que ganen millones de euros con el oro. Y millones de enemigos.

Vincent Ogier, el protagonista de ‘Oro’. (Fuente: AMC)

El primer episodio de Oro presenta con eficacia a los jugadores y el tablero sobre el que van a mover. Además de Vincent y su compañero, está Cayenor, la empresa que explota el metal, está Serra, un “intermediario” que compra pepitas de oro y se encarga de distribuirlas, y están los garimpeiros, los mineros brasileños que buscan el oro y, también, la mafia que quiere controlar su tráfico.

Es comprensible que Vincent se vea atraído por la aventura, y no sólo porque es su única oportunidad de no regresar a Francia confirmando que no es nadie. El entorno de la selva, la atracción del riesgo que se respira en los asentamientos próximos a los yacimientos, la promesa de las riquezas… Es fácil que todo eso se le suba a la cabeza y que no se dé cuenta de que el peligro es muy real, y muy letal.

La serie está rodada en escenarios naturales de la Guayana Francesa, lo que ayuda enormemente a vender la atmósfera de la historia, y falta comprobar si Serra puede escapar del arquetipo del mafioso que no da pasos en falso. La competencia de la mafia brasileña, que pinta a tener muy pocos miramientos, puede aportar más chispa a la historia, y lo mismo puede ocurrir en cuando Serra y Vincent empiecen a montar el nuevo yacimiento.

Hay potencial en Oro para dar un entretenimiento con mucha tensión y acción, un entretenimiento impulsado por gente cegada por la codicia.

 

 

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