Lo sucedido el pasado fin de semana en los cementerios de Montauban y Cotlliure, las poblaciones francesas donde reposan, respectivamente, los restos mortales de Manuel Azaña y Antonio Machado, muertos ambos en el exilio tras la incivil guerra civil española, es el enésimo ejemplo de la deriva delirante que ha tomado desde hace tiempo un amplio sector del secesionismo catalán.

Si ya es lamentable que un reducido grupo de representantes de este movimiento arremetiesen con sus insultos contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el primer acto institucional de homenaje al exilio republicano en tierras francesas, todavía es mucho más penoso, y a mi modo de ver del todo punto inadmisible, que aquellos separatistas la emprendieran también con los grupos de antiguos combatientes republicanos y sus familiares y amigos que se congregaron para rendir sus propios homenajes, en concreto a Antonio Machado con motivo de la conmemoración de los ochenta años de su muerte en el exilio francés.

Lo más grave, lo que me parece a todas luces intolerable, es que aquel grupo de personas que enarbolaban banderas secesionistas llegasen a insultar como “fascistas” a todos aquellos que se congregaron en los cementerios de Cotlliure  y Montauban para homenajear a dos víctimas directas del fascismo vencedor en la guerra civil, en lo que sin lugar a dudas fue un sincero homenaje a todos los exiliados republicanos.

¿Se trata solo de ignorancia? ¿Tan desconocedores son de nuestra historia reciente que tildan de fascistas a los antifascistas? ¿Es ignorancia o simple estupidez? ¿No serán ambas cosas a la vez? ¿Hasta qué extremos de tergiversación y manipulación histórica son capaces de llegar los propagandistas y adoctrinadores del separatismo? ¿Acaso pretenden hacernos creer que republicanos demócratas y antifascistas como Manuel Azaña y Antonio Machado en realidad fueron fascistas, simplemente porque ambos eran españoles? ¿Únicamente fueron republicanos demócratas y antifascistas los separatistas catalanes que sufrieron también exilio, cárcel, torturas y muerte? ¿Quiénes son estos fanáticos para conceder o negar patentes de antifascismo, sobre todo cuando en lo más íntimo y profundo de sus convicciones anida el inconfundible huevo de la serpiente, la raíz misma del fascismo?

Aunque, como en casi todo cuanto guarda relación con nuestra Memoria Histórica, sin duda haya sido demasiado tarde, Pedro Sánchez ha sido el primer presidente del gobierno español que ha rendido público homenaje al exilio republicano en territorio francés.

Un homenaje centrado en dos personalidades indiscutibles como Manuel Azaña y Antonio Machado, pero extensible a todos y cada uno de los centenares de miles de españoles que se vieron obligados a exiliarse después del triunfo militar del fascismo, incluidos evidentemente los republicanos catalanes.

Miles y miles de republicanos catalanes que, de forma muy mayoritaria, jamás se les pasó por la cabeza que luchaban contra el fascismo para defender una supuesta República Catalana sino que lo hicieron en defensa de la democracia representada por la República Española.

No, sin duda no es solo ignorancia lo que hace que los antifascistas sean tratados como fascistas. Es algo mucho más grave y lamentable: es fanatismo, es verdaderamente fascismo.