Los encuentros son necesarios para mantener la estabilidad de sus gobiernos y para controlar, por ejemplo, los medios de comunicación. También para acordar los cierres de quirófanos, centros de asistencia primaria, los aumentos de las listas de espera, los aumentos de ratios en las escuelas, la reducción de usuarios de rentas mínimas de inserción, de las becas comedor o del bloqueo de la Ley de Dependencia.

¿Y los desencuentros? También son necesarios. Por eso, son escenificados con esmero. Las relaciones sentimentales entre la derecha catalana y la derecha española no son del agrado de una buena parte del electorado de ambos. Por eso, los desencuentros animan el sentimiento identitario de unos y otros. La lengua, el pacto fiscal, la ley de consultas son los temas estrella. Eso sí, sin olvidar el corredor mediterráneo, el aeropuerto o el puerto de Barcelona. Todo vale para que el foco no se centre en los grandes acuerdos que populares y nacionalistas alcanzan todos los días, desde que Mas llegó al poder hace 15 meses y el PP consiguió sus mejores resultados en unas elecciones municipales.

El congreso de Convergència Democràtica de Catalunya excita estas divergencias. El nuevo hombre fuerte del partido, Oriol Pujol, quiere marcar un fuerte perfil nacionalista. Quizás por eso, Duran i Lleida ha encontrado una excusa formal –de un viaje oficial previsto en agenda- para no asistir al congreso de su socio natural. De esta guisa, CiU se ha envuelto en la bandera independentista y ha desempolvado las diferencias sobre el pacto fiscal utilizando el lenguaje para defender sus postulados. Así, la posibilidad de un desfase financiero se convierte en “España nos roba” y la Ley de Consultas Populares se trasviste en “derecho a decidir”. El PP, evidentemente, monta en cólera y amaga con llevar al Constitucional la Ley de Consultas y afirma que la crisis es prioritaria antes que solventar el desaguisado de la financiación autonómica. Eso sí, Rajoy templa gaitas y afirma que pagará –cuando pueda- lo que el estado debe a Catalunya.

El cruce de navajas se acolcha con los acuerdos constantes en el Govern de Catalunya, la Corporación Catalana de Televisión, ayuntamientos, diputaciones……..y también en Madrid. Todas las reformas –recortes- de Rajoy reciben el apoyo entusiasta de CiU. Incluida la reforma laboral o la subida del IRPF que ha colocado a Catalunya en el primer lugar del ranquin de presión fiscal en España con un 56%. Hoy por hoy, tanto PP como CiU se fijan en el horizonte de 2013. El año que viene la negociación sobre la financiación autonómica estará sobre la mesa con urgencia. Los ingresos no suben y los recortes se acaban. Cataluña demandará más dinero, pero también lo harán comunidades gobernadas por el PP. En estos días, estamos viendo desencuentros que no son más que movimientos de una partida de ajedrez o una discusión de pareja. Volvemos.