El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha tomado la palabra tras la intervención de José Luis Ábalos y, para empezar, un lapsus: “Señor presidente… Señora presidenta [refiriéndose a Ana Pastor]”. Rajoy se ha escudado en que el secretario de Organización del PSOE “ha puesto su mejor empeño en exagerar los motivos que pretenden justificar la moción de censura”.

A juicio de Mariano Rajoy, Ábalos ha dibujado “un cuadro siniestro que no se ajusta a la realidad, pero muy bien a los intereses de su candidato”, y haciendo alarde de su recurrente sorna, se ha dirigido al diputado socialista para felicitarle por que “ha hecho lo que ha podido salvo dos cosas: tener razón y convencernos”.

Rajoy ha afirmado que “esta moción no ha podido ser más impulsiva” y se ha hecho “con nocturnidad y apresuramiento. Tenían tanta prisa que se lo ocultaron a la dirección de su partido, es decir, a ustedes mismos. No les ha dado tiempo ni de sondear si tenían apoyos”.

El presidente del Gobierno ha insistido en que “da la impresión de que el señor Sánchez percibió la moción como una epifanía” y se “precipitó sin pensarlo”. “Las motivaciones se resumen en la interpretación libre, interesada y manipulada de una sentencia judicial”. Además, Rajoy se ha escudado en que “la sentencia no ha condenado a ningún miembro del Gobierno ni a ninguna persona que en este momento sea militante del PP” y que el fallo de la Audiencia Nacional “no es firme ni es unánime, porque tiene un voto particular”. Eso sí, ha obviado matizar que el voto particular fue redactado precisamente por el juez que ha ayudado al propio Rajoy durante todo el proceso, tal y como publicamos en El Plural.

Mariano Rajoy ha insistido en que la sentencia de la trama Gürtel se limita “a dos ayuntamientos” y “hace 15 años”.

El presidente del Gobierno ha preguntado a la bancada socialista si “¿se van a poner una moción de censura a ustedes mismos si son condenados por los ERE de Andalucía?”. Además, Rajoy asegura que “corrupción la hay en todas partes. No conoce ni barrios, ni fronteras ni banderas”, y ha concluido: “Para venir a dar lecciones hay que estar en condiciones de darlas. Sino, es mejor callarse”.