La nueva cúpula nacionalista no tiene todavía la intención de romper la cuerda con el gobierno de Rajoy pero sí de tensarla. Y eso se ha hecho durante el congreso que los nacionalistas celebran en Reus: tensarla. El mecanismo de tensión es el Pacto Fiscal que se presenta como la última oportunidad para normalizar las relaciones entre Cataluña y España, o visto de otra forma, el último punto de encuentro para impedir que España siga robando a Cataluña, el manoseado expolio fiscal que sirve al gobierno de Mas para justificar recortes y sablazos a los catalanes. La culpa siempre es de Madrid, evidentemente.

Oriol Pujol, el nuevo y flamante secretario general, dijo claramente que el congreso marcaba “la transición nacional hacia la soberanía”. Tenían sus palabras el aval del 71% de los delegados nacionalistas. Más del 65% consideran que el Pacto Fiscal será un fracaso pero un gesto necesario para cargarse de razones y dejar de “estar en una esquina” como dijo en su último discurso como presidente de la formación, Jordi Pujol. El que será a partir de ahora nuevo presidente honorífico de CDC, no se anduvo por las ramas ni se conformó con un discurso testimonial. Le puso toda la carga. Se autoerigió constructor del estado del bienestar en Cataluña y exhortó a Mas a no destruir el estado del bienestar porque es uno de los principios fundacionales de los nacionalistas catalanes. Fue el único momento disonante en un congreso en el que la independencia campa a sus anchas y excita los sentimientos.

El propio Pujol se encargó de ello. Le salió de dentro el espíritu leninista y convirtió de un plumazo a los nacionalistas catalanes “en la tropa de choque” que llevará adelante “un combate épico con el estado”. Ni el mejor Lenin hubiera exhortado mejor a las bases bolcheviques en la revolución de 1917.

De los recortes sociales pactados con el PP, el congreso está pasando de puntillas. Parece que no existieran, que fueran sólo un mal sueño del que la familia de CDC no quiere despertar para no toparse de bruces con la realidad. De hecho, los militantes nacionalistas, en la encuesta que se ha hecho previa al congreso, a ERC. Lo consideran un partido hermano con el aspiran a coincidir en la estación final del trayecto, la independencia. El PP parece que no ha sido, ni tan siquiera, invitado a subirse al tren.

Toni Bolaño es periodista y analista político