No hay manera de corregir un defecto estructural de la nueva España democrática: cuando alguien tiene votos que le dan la razón, no se le ocurre que el que ha tenido menos votos, con otras razones, puede ser su socio.

Lo que estamos viviendo estos días es el descubrimiento de que España es dogmática y egoista.

Es dogmática, porque ningún partido cede en nada si hay que pactar. Es egoista, porque hay quien considera que sus propuestas de partido están por encima de los intereses de los ciudadanos.

Se cuenta que estamos viviendo una segunda Transición: no es verdad. Lo que estamos viviendo hoy, lo que de verdad descubrimos, es que somos todavía (democráticamente) infantiles.

Falta entrenamiento de pacto.

Si leemos los resultados electorales presentes, vemos que sólo se puede gobernar España de forma estable si hay un gobierno de la derecha y el centro con la izquierda o si hay un gobierno de la izquierda y el centro con la derecha.

Cuando alguien de un partido español descubre esta situación, pega una patada a la mesa y pide nuevas elecciones.

Igual vuelve a haber elecciones. Seguro que los resultados será muy parecidos. ¿Qué haremos entonces? Pues, los dogmáticos, pedir otras elecciones y los ciudadanos españoles descubrir que muchos políticos no saben eso de que nadie tiene toda la razón.

Sabeis que no soy neutral en esto de la política y que no lo oculto: el único políco español que ha empezado a entender este problema y a trabajar por su solución ha sido Pedro Sánchez.

Si alguien mejora sus planteamientos, estoy dispuesto a aplaudirle mañana mismo. Repito: los españoles que sufren quieren medidas que palíen sus problema. Se pueden morir sin que nadie les cuente soluciones concretas y posibles.

No me resigno: quiero pactos.