La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del acuerdo mundial contra el cambio climático ha desatado una oleada de reacciones. La última llega de Nicaragua, que ha pedido una vez más “una propuesta realista y verdaderamente responsable” en este sentido, “con enfoques certeros y de fondo”.

Al igual que hicieron en París, indican desde el Gobierno del país centroamericano, piden “responsabilidades comunes, pero diferenciadas”, de manera que las naciones más contaminantes “adquieran compromisos estrictos con la reducción de sus emisiones, y con recursos compensatorios para la llamada ‘adaptación’”.

El doctor Paul Oquist Kelley, recuerdan, “en representación de nuestro pueblo, asumió en la capital francesa la posición, formal y justa, de defender nuestro planeta y nuestro país de los impactos cada vez más destructivos del cambio climático. Subrayó entonces la responsabilidad histórica de los países desarrollados en las emisiones y el impacto que han tenido sobre el clima, lo que ha repercutido, particularmente en los países más pobres”.

Los cien países más pobres del mundo, destacan desde el Ejecutivo nicaragüense, apenas tienen el 3% del total de las emisiones, mientras que los diez más desarrollados emiten el 72% de CO2.

Nicaragua, destacan, “no está entre las potencias contaminantes y no tiene responsabilidad en el cambio climático”, sin embargo, “se ha comprometido a través de la promoción de energías renovables, esfuerzos que han sido reconocidos por distintos organismos internacionales hasta el punto de que ha sido calificada como ‘Potencia Energética Verde’”.

Por qué dijeron NO

Nicaragua no suscribió el Acuerdo de París el 22 de abril de 2016, por considerar que “no establecía medidas estrictas con las naciones más ricas y las economías más grandes del planeta”. Según han querido volver a explicar ahora, “el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional asumió una posición clara de defensa del planeta y la vida, urgiendo conciencia y responsabilidad al mundo entero”.

El país centroamericano, por su parte, ha continuado desarrollando un conjunto de políticas que “desde nuestras fuentes alternativas de energía, nos han permitido transformar la matriz energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles”. 

Por todo ello, hoy “siguen demandando un acuerdo climático con mayores compromisos alrededor de las emisiones, y con financiamiento para la adaptación y/o mitigación, en el concepto de indemnización para los más afectados, y los más vulnerables”, entre los que figuran Centroamérica y el Caribe.

El incremento de las temperaturas, con todas sus consecuencias catastróficas, es en la actualidad, recuerdan, “el gran riesgo”.