Pero lo que al monseñor contable de la Conferencia Episcopal Española, Martínez Camino, más le gusta es contar “mártires de la persecución religiosa de los años treinta”. En declaraciones al semanario Alfa Omega, que depende de él y, sobre todo, de Rouco Varela, el prelado Martínez Camino subraya encantado: “A los mártires [cerca de 10.000, puntualiza] del siglo XX les debemos el testimonio del amor más grande. La fe engrandece al hombre (…) En cambio, el ateísmo empequeñece al ser humano”.

Ahora, anuncia que pronto se publicará “un libro sobre los obispos asesinados (fueron 12, según los cálculos del antes mencionado contable)”. En ese libro “se recogen, por primera vez juntas, sus imágenes y sus biografías (…). Allí se explica cómo todos los obispos de la zona republicana fueron perseguidos a muerte”.

En un gesto de inexistente caridad cristiana, la cúpula de la Iglesia sólo se preocupa de sus muertos de los años treinta. Ha pasado y sigue pasando de los muertos de la dictadura franquista. Y lo cierto es que la jerarquía eclesiástica siempre se ha opuesto a la investigación de los crímenes de Franco. No ha apoyado el clero a Garzón, más bien todo lo contrario. ¡Qué gozo para los clérigos la condena de Garzón!

Esta Iglesia orienta a sus medios de información y opinión atacando, a menudo brutalmente, a la izquierda y a cuantos considera que son ateos o cristianos progresistas. Los ataques son furibundos y permanentes. Décadas lleva un autollamado Gonzalo de Berceo insultando sin recato alguno a los partidos de la izquierda, fundamentalmente al PSOE. Por ejemplo: “Resulta verdaderamente descorazonador: 238 parados más, cada hora de cada día, durante el pasado mes de enero.Y los responsables de esta auténtica tragedia nacional (en primer lugar Zapatero, pero inmediatamente después Rubalcaba y también Chacón (…) reunidos en Congreso para ver qué hay de lo mío…” Este tipo tabernario y demagogo es uno de los muchos periodistas al servicio del PP y de la Iglesia. O sea, básicamente, la misma cosa.