Está dando la vuelta por el mundo la foto que ilustra esta información. Una niña dejando claro su gesto de repulsión ante el acoso de los labios agresivos de Donald Trump. Es difícil poner una cara de mayor rechazo. Quizás por haberle expuesto a esto la niña guarde rencor a sus padres el resto de su vida.

Le habían llevado a un mitin de Wisconsin, un estado muy mayoritariamente blanco. Y cuando Trump descubrió a la familia se le hizo la luz: su oportunidad de hacer un guiño a una familia negra y, de paso, intentar mostrar ternura hacia una niña en busca de tender aún fuera un pequeño puente hacia el voto femenino, que tan mayoritariamente le reachaza.

La niña, con un solo gesto, le dejó con los morros al aire.

Trump encontrando una respuesta contundente de una mujer afroamericana

Y eso que Trump hubiera debido ya saber que los niños.., en concreto los niños negros, parecen sentir un rechazo de piel (en este caso nos referimos al rechazo intuitivo) hacia él. Porque ya antes había vivido una experiencia similar con otra niña a la que forzaron a retratarse con el millonario metido a político. Un rechazo que dejó una instantánea aún más clara.

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Trump no aprende. Porque ya antes había obtenido este resultado en otro acercamiento a una niña

Pero no sólo las niñas son claras a la hora de mostrar gestualmente sus rechazos. No se puede evitar al ver a estas pequeñas norteamericanas acordarse de otra foto, ésta de una española, ante la proximidad de otro político. Esta más cercana… ¡Benditos niños!

Soraya Sáenz de Santamaría encontrando un gesto de oposición aún más desafiante que el suyo propio