Cuando fue nombrado, José Manuel García-Margallo, amigo personal de Rajoy, se presentó como un hombre de la época de la transición, empapado en aquellos valores de conciliación y diálogo. Los nombramientos de altos cargos del ministro, según los propios diplomáticos más neutrales, siguieron esa línea con alguna excepción ya subrayada en ELPLURAL.COM, como es el caso del Director General de Relaciones Económicas Internacionales.

Compensación para la ‘caverna diplomática’
Estos nombramientos fueron en general bien recibidos en la carrera con la excepción de un bloque: el que integran aquellos que se han significado por ser los más ‘peperos’; o como se dice en el Ministerio, entre los miembros de ‘la caverna diplomática’, que pensaban que con la vuelta de ‘los suyos’, podrían también hacerse con el control del Palacio de Santa Cruz y que no ocultaron su frustración.

“Ahora –dice un veterano embajador a ELPLURAL.COM- han visto llegado su momento de ‘pillar tajada’, y son los que están resultando vencedores en estos repartos a dedo que ahora se están llevando a cabo”. Esto, nos dicen, ha molestado mucho en un ministerio donde los funcionarios presumen de servir al Estado, y no a los Gobiernos.

Se citan como ejemplo varios casos, pero muy especialmente el de Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, un diplomático que llevaba apartado de la carrera cerca de una decena de años, ocupando cargos de cierta relevancia en el PP, hombre cercano a FAES y mano derecha de Jorge Moragas. Gutiérrez Sáenz de Buruaga ha sido nombrado embajador, en concreto, ante la Santa Sede.

Relevo de embajadores recién nombrados
Y esto nos trae a la segunda ‘extrañeza’ en los nombramientos que se están produciendo. Porque la que hasta ahora era embajadora ante la Santa Sede, María Jesús Figa, había sido nombrada hacía poco más de un año. Un nombramiento que había recibido cierta atención porque era la primera mujer nombrada para esta posición. Pero no es sólo este caso, embajadores en Centroamérica y el Caribe, en Europa –por ejemplo Roma-, y algunos sudamericanos, apenas llevaban entre seis y quince meses en sus cargos cuando se han decidido sus relevos. Algo absolutamente sin precedentes.

Estos ‘cambios-express’ tienen una doble repercusión. Por un lado en la vida de los propios diplomáticos, que acaban de comenzar a asentar las vidas de sus familias. Por ejemplo, con jóvenes y niños en mitad de los cursos escolares. Pero, y esto aún más importante, con un perjuicio de la imagen de España.

“Estos cambios, a los pocos meses de producirse el nombramiento, ofrecen una muy mala imagen del país.., y por supuesto de los diplomáticos –dice a ELPLURAL.COM alguien que conoce muy bien el funcionamiento del Ministerio-. España nunca se ha caracterizado por tener embajadores politizados, por lo que los cambios antes de lo que es la regla –es decir, 3 o 4 años-,  son muy raros. Que en Roma o en Moscú, por ejemplo, en un año vayan a ver a dos embajadores, es algo que crea muy mala imagen, que da una idea de inestabilidad… que no ayuda”.

60.000 euros por cada embajada
Los cambios en las embajadas significan además, cuando el Gobierno del PP presume de ahorrar en todas las partidas, un gasto extra, especialmente inexplicable en los casos señalados de ‘cambios-express’. En cada movimiento de destino, los embajadores y cada uno de los miembros de su familia tienen derecho a viajar en clase bussiness. Si tenemos en cuenta que los embajadores son personas generalmente al menos en su cuarentena, la media por cada familia es de 4 ó 5 billetes de avión. Puesto que cada cambio significa la salida de una familia y la llegada de otra, el total de billetes necesarios suele ser de entre 8 y 10 billetes. En dinero, para embajadores en América, Oriente Medio o Extremo Oriente esto significa un costo de unos 30.000 a 40.000 euros.

Además, hay que añadir dos mudanzas, la de la familia del embajador que sale, y la del que llega. Aunque es lo habitual que las residencias de los embajadores estén amuebladas, el traslado de cada familia supone al menos entre 7.000 y 10.000 euros. Pero hay más gastos. A los embajadores no se les da ningún pago extra cuando son nombrados, pero sus cambios traen un arrastre, un efecto racimo, que lleva a que se muevan en algunos casos diplomáticos de otro rango, básicamente cónsules, que sí tienen derecho a una gratificación para ayudar en su establecimiento. Se trata de compensaciones que oscilan entre el 10 y el 15% de su sueldo anual, dependiendo de diversos factores, y que pueden significar entre 7.000 y 10.000 euros.

Estamos hablando de un gasto medio por embajada que ronda los 60.000 euros. Una cifra que hay que multiplicar por los más de 30 nombramientos que se están produciendo en estos días. Insistimos, muchos de ellos entre quienes acababan prácticamente de ser destinados.

Fuera del bombo
Para los diplomáticos que ahora han sido cesados, su cambio llega además como un doble ‘castigo’, porque por el momento en que se ha tomado la decisión por parte del ministro, ellos han quedado sin posibilidad de ‘apuntarse al bombo’. Los nombramientos en Exteriores se realizan conforme al escalafón. Cuando se conocen las plazas que van a quedar libres en el curso siguiente, los diplomáticos solicitan los cargos que desean. Conforme a su rango, en el que tiene un peso fundamental la antigüedad, y algo menor, los destinos que se han desempeñado, se dan las embajadas y los demás cargos. La fecha límite para apuntarse a este llamado ‘bombo’ es el 31 de enero… Es decir, que todos los diplomáticos ahora afectados ya no llegan a tiempo de apuntarse para solicitar nuevos destinos. Quedarán por tanto, al menos un año, a la espera de poder volver a solicitar un puesto en el Exterior.