Esta semana ha sido un ejemplo evidente de estas dos caras. Varios episodios han constatado el doble juego de los nacionalistas catalanes.

Lunes. El gobierno catalán sale en tromba contra la subida del IRPF. El presidente Mas, su portavoz Francesc Homs y el conseller de Economía, Andreu Mas Colell acusaban al Gobierno central de asfixiar a Cataluña con la subida del IRPF. De esta guisa, los dirigentes catalanes reivindicaban su Pacto Fiscal y acusaban al Estado Español de beneficiarse de los impuestos de los catalanes. El expolio fiscal, el concepto que acompaña a Artur Mas en su reiterada “transición nacional” hacia la independencia, se esgrimía en contra de la subida de impuestos de Rajoy.

Martes. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, culpa a las autonomías del exceso de déficit que ha tenido como consecuencia la aplicación de duras medidas. El portavoz del gobierno catalán no tardó ni un minuto en acusar del déficit al Estado argumentando que Cataluña estaba haciendo los deberes.

Miércoles. CiU llega al debate de las medidas del Ejecutivo de Rajoy escondiendo el sentido de su voto. En los cenáculos catalanes se daba por seguro el voto negativo de la Federación Nacionalista porque el incremento del IRPF dejaba a los catalanes con una presión fiscal solamente superada por Suecia y el archipiélago de Aruba. Evidentemente, los servicios de los catalanes distan mucho de ser los servicios de los suecos.

Después de vueltas y vueltas, el portavoz nacionalista, Josep Sánchez Llibre, anuncia el voto afirmativo de los nacionalistas catalanes por responsabilidad. O sea, que los nacionalistas catalanes no dudan en dar el visto bueno a la mayor carga fiscal que van a soportar los catalanes sin decir ni una sola palabra del desequilibrio territorial que está marcando la presidenta madrileña, que con un déficit de primer orden, baja los impuestos.

Quizás que al frente del grupo de CiU en Madrid esté situado el democristiano Duran i Lleida y que al frente del gobierno de Cataluña esté situado un presidente Mas, cada día más independentista, ha puesto sobre la mesa que CiU tiene dos caras. Una de derechas en Madrid y otra nacionalista en Barcelona. O eso, o algún pacto sin luz y taquígrafos se ha fraguado en las últimas horas.

Toni Bolaño  es periodista y analista político