Los tremendos desgarros económicos que estamos viviendo junto con los europeos proceden de dos causas: del disparate presupuestario que hemos hecho casi todos y de la falta de una Europa que hubiera podido decir “basta” en más de una ocasión fiscal.

España debe aprender de los errores y luchar denodadamente porque haya más Europa. Más poder de los órganos de dirección europeos, más capacidad de supervisión de los Presupuestos nacionales y de las actividades financieras. Incluso con capacidad de amonestación y castigo al país que se salga de cualquier norma pactada.

España debería ser el campeón de un modelo europeo cuanto más federal, mejor.

Si en este momento me preguntan cómo se puede reconstruir el socialismo en España, contestaría: poniéndonos como meta ser los alemanes del sur, nunca los franceses del sur profundo.

El reto que tienen los europeos que opinan (España todavía no está entre ellos) tiene que ser una declaración solemne de federalización de Europa. Y ahí descubriremos que esa solución es la que quiere Alemania y no la que quiere Francia.

Llevo tiempo defendiendo que, los ataques de los medios españoles contra Angela Merkel, son un error: el que nos hace daño a los españoles es Sarkozy. Nuestro interés en Europa es federal, el de Sarkozy es nacional. Perder soberanía para un francés es una traición, perder soberanía para un español es garantía. Ojo: hablo del concepto de Europa de A. Merkel no de las medidas concretas que su partido propugna internamente. El SPD, también es alemán.

Pero si Europa nos pide posicionarnos a favor de esa histórica construcción federal, la Constitución nos pide que borremos los restos de acuerdos que hoy no podemos entender. Se entienden cuando se explica en qué condiciones políticas y sociales se redactó ese texto. Y, explicado, me parece poco el reconocimiento a todos los partidos, instituciones y personas que hicieron posible el milagro del 78. Pero ya nos queda pequeña.

Pondré tres ejemplos.

El primero, el artículo que confía en las Fuerzas Armadas la defensa de la Constitución. Hemos vivido demasiadas confusiones sobre este asunto como para volver a hacer historia de días muy tristes para la libertad. La Constitución la defienden todos los españoles que la quieran defender, pero de ninguna manera es un encargo específico para los militares. Ya se que a nadie se le ocurre que hoy puedan pasar cosas que pasaron y se muy bien que todos los gobiernos han explicado de forma positiva este precepto, pero es un texto pequeño y viejo.

El segundo, la imperiosa necesidad de confirmar la laicidad del Estado. Respeto a las religiones ¡faltaría más! pero privilegios, ninguno.

El tercero, la revisión del modelo atonómico. No digo ni corrección, ni freno, ni avance, ni marcha atrás, digo que hay que volver a pactarlo, que no es estable y que complica la vida de todos el hecho de su inestabilidad.

El cuarto, la definición como heredero de la corona de cualquier descendiente del rey, sea hombre o mujer.

Ya se que va a resultar más fácil plantearse los asuntos de la nueva Europa que los retos de la nueva Constitución. Pero hay que empezar a debatir los dos asuntos: un día la economía empezará a mejorar, pero la política se habrá podido quedar rezagada. No sería bueno.

Luis Solana es militante socialista y promotor de Nuevas Tecnologías
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