Aylan Kurdi, el niño sirio-kurdo de tres años, cuya muerte durante el traslado en bote de Turquía a Grecia se ha convertido en todo un símbolo de la tragedia de los refugiados, ha sido enterrado en su ciudad natal, Kobani, de la que había huido tratando de escapar del acoso del grupo yihadista Estado Islámico. Pretendía llegar con sus padres y su hermano de cinco años hasta Canadá, donde vive su tía. La madre y los dos pequeños murieron junto a otros nueve sirios ahogados poco después de partir de la ciudad turística turca Bodrum rumbo a la isla griega de Kos.

El padre, Abdulá Kurdi, renunció a continuar su viaje hasta Canadá pese a haber sido invitado oficialmente por las autoridades del país, sólo deseaba volver a su pueblo para dar sepultura a su familia. Antes de partir, escoltado por la Policía turca, dijo que estaba "muy triste" y expresó un único deseo: "Como padre que ha perdido a sus hijos, lo único que quiero es que se acabe este dolor y se acabe la guerra en Siria".

Algunos diputados turcos de los principales partidos en la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP) y el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), acudieron al entierro en Kobani, acompañando al convoy. Los cuerpos de Aylan, su hermano y su madre fueron trasladados a Estambul anoche por una compañía aérea turca y de allí trasladados a esta mañana a Sanliurfa, en el extremo sur de Turquía.