“Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”, dijo el Príncipe de Salina, también llamado El Gatopardo. Fue éste un inteligente cínico, a finales del siglo XIX. Era la época de la revolución de Garibaldi.

Pues bien, Mariano Rajoy Brey ni siquiera ha aprendido la lección del mencionado Príncipe. Tiene razón El País señalando que el nuevo Gobierno “es un Gobierno continuista”. Y  que “Rajoy decepciona con un equipo débil y poco adecuado para las reformas”.

Pero aquellos que pedían hasta coaliciones entre PP y PSOE se equivocaron enormemente, porque esto se veía venir.  Jamás Don Mariano ha brillado a lo largo de su carrera política, inacabable, con sus hechos y sus iniciativas de estar por casa, casi siempre de segunda y hasta de tercera división. O lo que es peor, Rajoy Brey sigue minusvalorando el grifo abierto de la corrupción.

Don Mariano se lanzó a tratar de manera más que exquisita al sospechoso ex ministro de Industria, José Manuel Soria

Conviene no olvidar el numerito montado recientemente por él para proteger, contra viento y marea, a la exalcaldesa valenciana, Rita Barberá, como si ella fuera la Virgen María e incluso el niño Jesús.

No olvidemos tampoco que don Mariano se lanzó a tratar de manera más que exquisita al sospechoso ex ministro de Industria, José Manuel Soria, tan parecido, por cierto, a José María Aznar.

Graciano Palomo, periodista muy conocedor del PP y colaborador de ELPLURAL.COM, tiene escrito en uno de sus libros que Aznar decretó que su antiguo compañero de piso en Logroño, Miguel Blesa, consiguiera ponerse al frente de Caja Madrid. Era Blesa un tipo engreído que se hizo de oro, pero que acabó en la cárcel, a donde puede volver probablemente.

Amigo era sobre todo, y mucho, Rodrigo Rato, vicepresidente  del Gobierno con José María Aznar. Luego hemos sabido que Rato se llevó crudo un pastón.

Este Gobierno gris que ha organizado Rajoy, ¿no responderá al secreto deseo de que no le hagan sombra?