El resultado había sido en general anticipado por los medios después de que los cuatro descartados y en particular, Arnaud Montebourg, quien obtuvo un imprevisto y excelente 17 por ciento de los votos, recomendaran votar a Hollande, quien había recibido 39,2 por ciento frente al 30,4 de Aubry.

Sumando 13 por ciento
La “sorpresa Montebourg” fue grande y de ahí la atención prestada de inmediato a cuál sería su indicación para “sus” votantes del mismo modo que los observadores se volcaron en intuir que haría el público con los votos “prestados” a los otros tres candidatos (Ségolène Royal, Manuel Valls y Jean-Michel Baylet) que reunían un buen 13,2 por ciento entre los tres.

Nunca sabremos qué hicieron sus votantes de la primera vuelta en la segunda, ni si todos los defensores de Montebourg, identificados con el ala más a la izquierda, siguieron la sugerencia de su favorito, hecha “a título personal”. El ganador es, por definición, el candidato de “todos” los que acudieron a votar en un elevado número. Es un “candidato-síntesis”…

Un éxito inicial
Hay casi unanimidad entre los observadores a la hora de reconocer que los socialistas se han anotado un éxito inicial: el del propio mecanismo, abierto a todos los votantes con tal de firmar una breve declaración de aceptación de una visión progresista y de aportar un euro para los gastos de la magna consulta.

No sería raro que se exportara este sistema de designación, que difiere de otras primarias no en los candidatos que, razonablemente, son socialistas “de carnet”, sino en que se permite votar al espectro de izquierda en su conjunto, no solo a los militantes, con frecuencia condicionados por los “aparatos!”. El éxito de público en esta segunda vuelta ha superado todas las expectativas (los votantes no han estado lejos de los tres millones) .

El desafío de los debates
No sin argumentos, algunos medios simpatizantes con el proyecto le veían un problema potencial: que a falta de un ganador en primera vuelta, la semana que precedería a la segunda y definitiva ronda podía dar lugar a malentendidos, intoxicaciones y equívocos en una atmósfera peligrosa de “lobby” en los dos campos.

Y podía temerse incluso algún error de bulto o descalificaciones desabridas en los tres debates televisados previstos. Nada de eso ha sucedido, ambos se comportaron con habilidad y altura de miras. Los cuchillos han permanecido en sus vainas. Ambos candidatos son casi intercambiables, con ligeros toques de diferencia aquí y allá sobre calendarios para las reformas, incluidas reformas sobre el sistema bancario…

Muy buena salida
En todos los grandes partidos hay tonalidades más progresistas o más moderadas, pero Aubry, como si hubiera presentido que a fin de cuentas perdería, dijo el sábado que “la fiesta con Hollande empezaría desde el lunes”. Todas las tendencias del PS cierran filas desde hoy en torno a François Hollande.

Otra cosa es intuir cual será la decisión final de los votantes en abril en la segunda vuelta, la decisiva, asumiendo que en la primera muchos de los fantásticos 2,8 millones de “electores” de los dos últimos domingos, tendrán su propio candidato, por ejemplo, los Verdes.

Pero, sea como fuere, la salida del campo progresista al gran ruedo electoral, ha sido un éxito. En toda regla…

Elena Martí es periodista y analista política