Apenas conocido el resultado, los medios de la derecha se apresuraron a recordar que en 1995 el conservador Chirac también perdió en la primera vuelta, frente a Lionel Jospin, pero finalmente y por muy poco venció en la segunda y definitiva.

Nada es igual
Ese comentario cubre la necesidad de optimismo del campo conservador, pero omite explicarlo en su contexto, en absoluto parecido al de hoy.

Nada es igual y entonces el PS, con un solvente Jospin al frente, encabezaba una travesía del desierto que le permitiría ganar las legislativas en 1997… y lo de hoy es, al contrario, el anuncio simultáneo de un doble éxito porque se espera un auge de la izquierda en las parlamentarias de junio.

Pocos comentarios han subrayado la importancia de la casi simultánea cita electoral, con matices de gran interés en perspectiva, en especial qué hará la izquierda extra-socialista que, vía Jean-Luc Mélenchon y su “Frente de Izquierda” ha obtenido un excelente 11 por ciento.

Una izquierda inclusiva
La lucha por captar a las opciones más cercanas a ambos, el Frente Nacional (18,01% de los votos) para la derecha sarkozysta y el Frente de Izquierda (11,13%) para Hollande va a ser memorable y es un campo de minas para los estrategas de ambos.

El centrista Movimiento Democrático, del incansable François Bayrou, que recibió un estimable 9,11 por ciento será también cortejado. Hasta el extremo de que no se excluye que el propio Bayrou haga un explícito movimiento de apoyo a uno o a otro.

Hollande, a través de sus portavoces, ha hecho saber ya que entiende administrar un proyecto con la marca socialista, pero desde los criterios de una “izquierda inclusiva”, una primera aproximación a las huestes de Mélenchon.

Un veterano sabio
Hay quien observa, no se ve bien dónde a día de hoy, indicios de lo que podría ser una oferta en toda regla del PS al Frente que, a su vez, parece preferir pasar la prueba de las legislativas y disponer de un buen puñado de diputados en el palacio Bourbon antes de tomar cualquier decisión.

Pero los socialistas deberán considerar con todo interés el “fenómeno Mélenchon”, la creación desde la nada de un estado de ánimo a la izquierda del PS que el interesado, un hombre de 60 años, eurodiputado, ex – ministro y que es todo menos un joven acreditado un instante en las célebres “redes sociales”.

Puesto al día en los procedimientos, pero intuitivo y gran táctico, Mélenchon está demostrando algo esencial para la izquierda tradicional: que hay más allá del PS un granero de votos, la de la gente politizada, “indignados” en cabeza, que mezcla la decepción con la esperanza.

Nada para los ultras
El otro gran sector del electorado que no tiene un campeón en la arena, el Frente Nacional, no recomendará el voto. Marine Le Pen ha sabido heredar a su padre y mejorar el original en términos electorales, (ha logrado un nunca visto 19 por ciento) y los votos de la formación nacional-populista y su tropa va a ser tentada a fondo, y ya con pocos escrúpulos, por la derecha convencional.

Los socialistas, fieles a un compromiso político y ético, pero también programático, no quieren saber nada ni siquiera con los sedicentes “nuevos votantes” lepenistas… bastantes de los cuales, de creer los sondeos, declaran que votarán a Hollande antes que a Sarkozy… Voto útil no solicitado.

Sea como fuere, y a la espera de que los sondeos vuelvan a atinar y el líder socialista sea “Monsieur le Président el seis de mayo, hoy solo toca certificar que se confirma la fuerte recuperación de los socialistas en Francia… y, lo que es más trascendente, la importancia que tendrá una administración socialista en el ámbito continental en su conjunto y en las estructuras de la Unión Europea, al día de hoy ninguneadas por una Alemania prepotente y obcecada.

Elena Martí es periodista y analista política