La frase acerca de que sus gastos estaban “perfectamente justificados”, poco después de que estallara el escándalo, lo retrató con minuciosidad. Sobre todo al calificarlos -en plan irónico y hasta divertido- como “una miseria”. ¿Puede el número 1 del Tribunal Supremo y del CGPJ calificar de “miseria” sus viajes reiterados a Marbella, concretamente a Puerto Banús, oasis de multimillonarios y gente de muy alto standing?

Dívar vive en otro mundo, entre místico y despilfarrador a cuenta de las arcas del Estado. Le parece normal y una “miseria” gastar del erario unos 6.000 euros, a los que, por cierto, habría que añadir los gastos derivados de la seguridad. O sea, los gastos de los escoltas que en absoluto son culpables de nada. Tales escoltas cumplían con su trabajo y punto.

Pero en estos tiempos de austeridad forzada por la crisis,  Dívar habría tenido que no olvidarse de aquel aforismo en torno a  la mujer del César.  Debía esa mujer no sólo ser virtuosa, sino parecerlo. ¿Es virtuoso Dívar? Es practicante de un catolicismo tridentino, a la medida de la jerarquía reaccionaria actual.

Esta dimensión religiosa, no obstante, debe ser ajena a su figura de máximo representante de la Justicia. Su conciencia es su conciencia y no se trata de lapidarlo, bajo ningún concepto, por una cuestión  que es estrictamente personal. Allá él, pues, y sus creencias.

Lo que está en juego es otra cosa. ¿Puede el juez Dívar,  el que tiene más poder en sus manos, proyectar una imagen de la Justicia que no aprueba  la opinión pública o los ciudadanos en general?   No es que no pueda, no debe hacerlo. La Justicia en España se encuentra bajo mínimos.

Mayoritariamente, es una justicia ultraconservadora y poco eficaz. Necesita un revulsivo urgente, aunque con el PP en el Gobierno se vislumbra –véase el giro hacia la derecha extrema de Gallardón- otro nuevo paso hacia atrás, hacia la contrarreforma en todos los ámbitos de la sociedad y de la política. Primero se cargaron a Garzón. Y ahora, suma y sigue.

Dimita ya, Sr. Dívar. Su gesto le honraría, aunque en este momento le escueza. Y es que está tan mal la justicia que, si se marchara Dívar le sustituiría el vicepresidente, Fernando de Rosa, militante del PP, consejero de Justicia en el Gobierno Camps y enemigo -con pruebas televisivas- de Baltasar Garzón. ¡Váyase, Sr. Dívar y se lleve con usted a De Rosa!