La Fiscalía de Madrid ha enviado un informe al juzgado que investiga el incidente de tráfico que protagonizó en abril de 2014 la presidenta del PP, Esperanza Aguirre, en el que reitera que cometió una falta y no un delito. Así lo ha confirmado a Efe el fiscal superior de Madrid, Manuel Moix, que ha recordado que la Fiscalía considera que los hechos suponen una desobediencia leve, y no constituyen por lo tanto un delito.

[[{"type":"media","view_mode":"media_large","fid":"27774","attributes":{"class":"media-image size-full wp-image-294882","typeof":"foaf:Image","style":"","width":"645","height":"472","alt":"Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid y responsable del PP en la regi\u00f3n, a su llegada a los Juzgados de Plaza de Castilla para declarar como imputada ante el juez, por un supuesto delito de desobediencia por su actuaci\u00f3n en un incidente de tr\u00e1fico protagonizado el pasado mes de abril en la Gran V\u00eda madrile\u00f1a. EFE\/Arhcivo"}}]] Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid y responsable del PP en la región, a su llegada a los Juzgados de Plaza de Castilla para declarar como imputada ante el juez, por un supuesto delito de desobediencia por su actuación en un incidente de tráfico protagonizado el pasado mes de abril en la Gran Vía madrileña. EFE/Archivo



 

La Fiscalía ya calificó como falta el incidente de Aguirre, al igual que hizo en su día el Juzgado de Instrucción 14, que investiga el caso, pero la Audiencia Provincial de Madrid consideró que debía ser juzgada por un posible delito de desobediencia a los agentes de la autoridad.

La decisión, en manos de un juez genovés...
Ahora el juez tendrá que decidir si archiva la causa, como solicitó la defensa de Aguirre, o continúa como falta o delito. La lideresa no debería estar muy preocupada dado que está en manos del mismo juez que sólo vio una falta leve de desobediencia cuando se dio a la fuga después de ser pillada aparcando indebidamente en el carril bus, en plena Gran Vía madrileña. Para Carlos Valle haberse llevado por delante una motocicleta de los agentes de movilidad en su huida y la persecución que protagonizó en pleno centro de Madrid son asuntos menores.

...que propició el caso Bono...
Este juez es un viejo conocido genovés. Recordemos su actuación en el llamado caso Bono. Valle libró a dos militantes del PP de responder ante la justicia por agredir supuestamente al entonces ministro José Bono durante una manifestación de la AVT en 2005. Por si fuera poco, dio la vuelta a la tortilla y acusó a los tres policías que los detuvieron de retención ilegal. Los agentes fueron condenados por los hechos en primera instancia aunque el Tribunal Supremo, dos años después, desmontó la infamia. Eso sí, el PP lo convirtió durante ese tiempo en un argumento recurrente contra el Gobierno para denunciar una supuesta cacería contra un partido democrático.

 … y azote de las clínicas abortistas
No es la única hazaña de Valle. En noviembre de 1986 protagonizó una macrorredada contra dos centros de planificación familiar, Dator Médica y Duratón, por practicar abortos ilegales que se saldó con la detención de 39 personas. Lo hizo 48 horas antes de que el Ejecutivo firmara el anunciado decreto liberalizador de la aplicación de la ley del aborto y abriera camino a las clínicas privadas. Cinco médicos pasaron más de un mes en prisión hasta que fueron puestos en libertad la víspera de Navidad por decisión del sustituto de Valle, que no vio la alarma social que podría haber justificado el encarcelamiento. José Luis Barragán, el juez sustituto, señaló que el aborto es un problema social que no es en sí mismo causa de alarma social, “o, en todo caso, de no mayor alarma social que la que supone la propia existencia”, dice el juez, “de una legislación restrictiva, en contraste con la de los países de nuestro ámbito geográfico y sociopolítico”.


¿Una citología, un análisis de sangre?
La persecución de Valle a las clínicas abortistas y, en definitiva, a las mujeres, fue objeto de un artículo muy crítico de Karmentxu Marín publicado en El País en diciembre de 1986. El retrato que hacen de él las mujeres a las que interrogó y a sus abogadas no tiene desperdicio. Las primeras lo definieron como un “joven chulo y guaperas que se pone bravo e íntimida con su aire autosuficiente”. Las letradas vieron impresentable, entre otras cosas, que preguntase si una citología es un análisis de sangre y que violase el derecho de intimidad de las mujeres tomándoles declaración de cinco en cinco.