No parece, en todo caso, que la aparición en el escenario del vencedor haya impactado positivamente a los mercados, a las agencias de calificación y a la UE. Tampoco se percibe expectación en los medios de comunicación extranjeros, salvo alguna que otra excepción, respecto a la eficacia del jefe de la derecha española. Su imagen es perjudicial para el conjunto de España. Quede constancia.

Indiferencia y un cierto pesimismo
Nos habían insistido tantas veces, él y sus voceros, señalando que las cosas cambiarían para bien, una vez desaparecido políticamente José Luis Rodríguez Zapatero, que muchos se lo creyeron. Claro que Rajoy no ha sido todavía entronizado presidente, pero no abundan los indicios o síntomas que conduzcan a que la gente piense que, finalmente, estaremos en buenas manos. Hay en la calle indiferencia, un cierto pesimismo sobre sus habilidades de Gobierno y un enorme temor a la vista del cariz inquietante de la crisis que se extiende por doquier.

Los socialistas, a caldo
Rajoy ha  repetido durante mucho tiempo que para derrotar a la crisis se necesita transmitir confianza a la ciudadanía. ¿Qué entiende el líder popular por confianza? ¿Qué les ha dicho a los españoles a lo largo de esta funesta legislatura acerca de la confianza? Hasta el día de hoy no ha hecho más que esconderse de la realidad y poner a caldo a los socialistas. Ha generado desconfianza en base a resaltar la insolvencia del Ejecutivo, mientras exhibía su tendencia dialéctica hacia los tópicos y los lugares comunes.

En “peligro”
Criticar resulta fácil. Es lo que han hecho –casi lo único que han hecho- Rajoy y su alegre muchachada desde que estalló la crisis. Ahora les ha llegado el momento de impedir como sea que España esté en “peligro”, según el diagnóstico de Juan Rosell, presidente de la CEOE, que no es precisamente partidario de los profetas catastrofistas. ¿Qué hará, pues, Rajoy para que se extinga el “peligro” detectado por Rosell?  Presumiblemente, nada.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM