ELPLURAL.COM se hizo eco hace unos días de las informaciones del diario británico The Daily Telegraph sobre el desinterés del rey en torno a reclamar la soberanía de Gibraltar que mostró en 1983 al embajador británico en Madrid, sir Richard Parson.

Mucho interés del Rey por distender el ambiente
La noticia se sustentaba en documentos desclasificados por el Foreign Office –el ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno británico– a los que ha podido acceder este digital para constatar su veracidad. En un informe del 21 de julio de 1983, el embajador Parsons transmite a su ministro de Exteriores, Geoffrey Howe, una conversación con Juan Carlos I en el que éste le transmitía su preocupación respecto a la “inquietante” situación con Gibraltar y su gran interés por “iniciar el contacto diplomático”.

Entrada de España en la CEE De fondo
“Las declaraciones públicas de ambos lados estaban tendiendo a aumentar la tensión. La prensa española se había hecho eco del comentario de la Primera Ministra británica en el Parlamento el 19 de julio. Le expliqué que el comentario de la señora Thatcher no era nada novedoso. La postura británica siempre había sido que España no podría acceder a la Comunidad [Económica Europea] hasta que no se retirasen todas las restricciones en la frontera con Gibraltar. El Rey aceptó este punto. Pero manifestó que no dejaba de ser un ejemplo del tipo de presión que ambos gobiernos podrían llegar a sufrir de no alcanzarse un acuerdo”.

Posibilidad de maniobras, visitas y mensajes de tranquilidad
En el marco de esos intentos de distensión, Juan Carlos I deja caer al embajador la posibilidad de que la Armada española “realizara maniobras” militares con la Royal Navy así como “las ventajas de poder intercambiar visitas de Estado”. Pero en lo que “enfatizó” el Rey “como ya lo hizo en otras ocasiones” fue en la necesidad de “adoptar medidas con respecto a Gibraltar que apaciguasen a la opinión pública por ahora”.

Entre esas medidas de distensión el monarca apelaba a encuentros diplomáticos privados y diferenciaba entre objetivos y mensajes a los ciudadanos, siempre en pos de que Gibraltar no supusiera un veto de Reino Unido a la entrada de España en la Comunidad Económica Europea.

“Ambos gobiernos deberían comprender claramente en privado que en realidad España no buscaba una solución rápida al problema de la soberanía, puesto que si recuperase Gibraltar, el Rey Hassan de Marruecos activaría inmediatamente su reclamación sobre Ceuta y Melilla. Ambos Ministros de Exteriores deberían llegar a un entendimiento en privado entre ellos, diferenciando claramente entre su objetivo real y los métodos utilizados para propiciar la opinión pública de ambos lados”.


No había interés en la soberanía “en un futuro cercano”
En otro informe posterior del 7 de septiembre el embajador Parson resume el encuentro que el propio ministro Howe había mantenido aquel día con el Rey, destacando que había sido una conversación “productiva”. En ese informe se constata que los contactos diplomáticos se estaban produciendo con avances en la distensión. Juan Carlos I insistía en que era consciente de las consecuencias que tendría reclamar la soberanía de Gibraltar “en un futuro cercano”.

“El Rey manifestó que estaba completamente de acuerdo con un enfoque gradual. Aceptó que las opiniones del pueblo deben ser respetadas. Gibraltar era un tema muy emotivo y debemos tener en cuenta la opinión pública y las reclamaciones de los intereses nacionales. Sin embargo, al mismo tiempo deberíamos intentar gestionar las cuestiones prácticas, como las visitas navales, de una manera estudiada para evitar complicaciones. En un arranque de su habitual franqueza, el Rey añadió que, en cualquier caso, no está en el interés de España recuperar Gibraltar en un futuro cercano. De ser así, el Rey Hassan reactivaría inmediatamente la reclamación de Marruecos sobre Ceuta y Melilla”.


Facilidades del ministro británico
Ante esta actitud, el ministro de Exteriores británico concedió al rey que “la perspectiva del acceso de España a la Comunidad Europea debería emplearse para facilitar los asuntos relacionados con Gibraltar en lugar de complicarlos” y dejó caer la entrada de España en la OTAN como “la mejor manera de poner esto en práctica”.