Más allá del debate sobre la figura del denominado “relator”, más allá de si hubo “pinchazo” en la reciente convocatoria de Plaza de Colón, quiero hacer una reflexión sobre las formas en democracia, porque democracia es fondo y forma. Decir que, como hombre de izquierdas y profundamente democrático, respeto a toda la ciudadanía y a cada manifestante que asistió a la concentración este pasado domingo. Es un derecho que tenemos y así se ha ejercido, todos mis respetos a los que se han hecho oír; no obstante, quiero dirigir esta reflexión a los convocantes y a sus voceros.

El PSOE siempre estuvo y está del lado del marco constitucional, ayudó a construirlo y a desarrollarlo, y existe un hecho evidente: la inmensa mayoría de los avances en desarrollo económico, en la conquista de derechos sociales y libertades individuales, lleva el sello de gobiernos socialistas. Los socialistas siempre hemos estado del lado del proceso constitucional democrático, sin embargo, una parte muy importante de los antecesores políticos de los convocantes de la Plaza de Colon no pueden decir lo mismo, porque o bien la traicionaron, votaron en contra o se abstuvieron de apoyarla. Como suele decir el “dicho”, si rascamos un poco a esta derecha reconvertida en populista le sale muy pronto el pelo de la dehesa.

La derecha ha entrado en una dinámica muy peligrosa: llamar a las entrañas, a las emociones, a los símbolos, es tocar la sinfonía de la llamada a la bestia. Pero todos debemos saber que cuando este monstruo despierta, nada lo detiene, y una vez que ruge, es para hacer cabalgar a los jinetes del apocalipsis.

Solo era cuestión de tiempo cuando, desde los primeros años de la crisis en el caldo de cultivo de la desesperanza, la falta de expectativas, la indignación, la perdida de confianza en la política y en las instituciones, se multiplicaba el germen del populismo. El populismo y el nacional catalanismo radical se han comportado como elementos tóxicos generando, a modo de reacción, más populismo y la resurrección con fuerza imprevista del nacional-catolicismo que, adormecido, sesteaba largamente su particular sueño.

El antecedente de Andalucía

En Andalucía ya hemos comprobado el resultado de esta derecha reconvertida. Su sed de poder al costo que sea, como si se tratara de una revancha, han realizado su deseo. El PP y Ciudadanos Nacionales, estimulados por su éxito, han decidido juntos y en compañía de Vox, replicar la maniobra; al igual que en Andalucía los insultos, las descalificaciones, las mentiras, las calumnias, las manipulaciones, el engaño y la demagogia se han convertido en su programa político con el que han impulsado y convocado la concentración de Madrid en contra del Gobierno socialista.

Las tres facciones de esta derecha, “que al parecer es grande y una”, han girado en muy breve tiempo al populismo más rancio, juegan con fuego cuando optan por esta forma de hacer política. Este nuevo tridente del populismo de derechas solo ofrece navegar en un mar de crispación, en la agudización de las contradicciones, de la confrontación, de atizar el conflicto: ¿Y después qué?

La irresponsabilidad de los dirigentes de lo que ya podríamos denominar sin trabas, por su forma de comunicar, como el tripartito de la ira y el engaño, los inhabilita para dirigir los destinos de España por la senda de la concordia, la convivencia, el diálogo y el consenso, todos ellos elementos nucleares de una democracia plural y diversa propia de estos tiempos que nos tocan en pleno siglo XXl.

Esto es lo que toca, habrá que enfrentar populismos y nacionalismos a un lado y otro del espectro ideológico. Son tiempos complejos y muy difíciles que van a exigir esfuerzo de centralidad y responsabilidad. A ello estamos llamados todas las mujeres y hombres demócratas de izquierda, liberales y progresistas en general, que puedan acordar una alternativa fuerte desde el máximo respeto a la pluralidad y a la diversidad.

Juan Carlos Raffo Camarillo es senador del PSOE por Sevilla