Beatriz TalegónDistintos periódicos y medios de noticias se hacían eco al comienzo de esta semana del cada vez más posible abrazo entre el partido socialdemócrata alemán y el partido de Merkel, la Unión Demócrata Cristiana. Solamente alguno de ellos pone de manifiesto que jóvenes socialdemócratas (JUSOS) y militantes estuvieron en la puerta de la sede de su partido para mostrar su rechazo ante tal decisión, a pesar de haber sido el resultado del voto de más de doscientos delegados respaldado por una amplia mayoría. A la espera de los ajustes y desajustes en las negociaciones para la creación de gobierno, todo parece apuntar a que finalmente el acuerdo será firmado entre los dos partidos.

No se habla de otra cosa en los encuentros de la familia socialista y socialdemócrata europea. También a nivel internacional. El hecho de que se pacte en Alemania entre estos dos partidos hace que la fuerza  del candidato único para presidir la Comisión Europea, Martin Shulz, pueda verse debilitado. Y en cierto modo es una lástima, pues sin lugar a dudas Shulz es un líder respetado e ilusionante para promover el cambio que Europa necesita. Uno de los pocos que ahora mismo en Europa tienen un reconocido prestigio dentro de los socialdemócratas. Sin embargo las circunstancias que vendrán de la mano de sus camaradas no se lo van a poner fácil, pues ¿cómo va a plantear con fuerza la alternativa a las políticas “merkelianas” si los suyos están en el mismo barco?.

La discusión está servida. Y sin embargo hay quien plantea que precisamente gracias a esta coalición, si bien los socialdemócratas van a tener que tragarse alguna de sus propuestas iniciales, podrán también presionar a los demócrata-cristianos para que no sigan arrasando como hasta ahora con el Estado de Bienestar.

Por el momento la defensa de la igualdad de derechos de los homosexuales –matrimonio igualitario- que llevaban en el programa electoral ha sido prácticamente olvidada (aunque sí han conseguido pelear por la cuota femenina en los puestos de dirección), como ha ocurrido con la subida de impuestos a quienes más recursos económicos tienen. Sin embargo han conseguido presionar para obtener un salario base y el reconocimiento de la nacionalidad para los descendientes de ciudadanos inmigrantes y van a dar una buena batalla para aumentar la inversión en educación pública y sanidad, así como en la implantación de la Tasa a las Transacciones Financieras.

Todavía queda un camino por recorrer, que deberá pasar por las negociaciones para formar gobierno y finalmente, por la decisión de toda la militancia del partido socialdemócrata que de momento, por decirlo de una manera suave, dice mostrarse en su mayoría “escéptica” con este acercamiento.

En definitiva se trata de elegir entre más de lo mismo (para nosotros, los del sur es lo malo) y lo menos malo, que quizás nos dé un poco de oxígeno para poder ver el resurgir de una Europa diferente.  Si esta coalición prosperase, algunos consideran que sería una buena manera de cercar a Merkel y sus secuaces.

Veremos cómo acontecen los hechos: una oportunidad sobre la mesa para que los partidos de centro izquierda comiencen a imponer los valores y fuercen a la Europa neoliberal a dar marcha atrás. Solamente falta que esto se entienda desde la izquierda, y lo que es más importante, desde la sociedad. En definitiva es para quien se ha de gobernar, a pesar de Merkel.

No tenemos tiempo que perder, pues el giro en Europa es ahora más necesario que nunca. El resurgimiento de los grupos extremistas, xenófobos y racistas, la fuerza que están obteniendo los partidos eurófobos supone sin duda una alarma que debemos tener muy en cuenta. La única manera de conseguir una Europa que garantice los derechos de sus ciudadanos es cambiando de proyecto. Es hora de una Europa Social, de la Europa de los ciudadanos, de la Europa del desarrollo de la democracia y la igualdad de oportunidades como bien a exportar. Es momento de una Europa diferente, muy contraria a la Europa neoliberal que tenemos ahora.

Porque Europa en sí no es nuestro problema. El problema es la Europa que tenemos, y sin lugar a duda en gran medida se debe a la desafección ciudadana respeto al proyecto. Un pez que se muerde la cola: sin participación los dirigentes tienen menos problemas para llegar a desarrollar medidas contrarias al interés general sin ningún tipo de escrúpulo –tal y como viene sucediendo-. Los nefastos resultados hacen que la ciudadanía no se sienta incluida en el proyecto y esto hace, a su vez, que no quieran participar del mismo. Por lo tanto, vuelta a empezar, y el resultado final es que nos quedamos en manos de quienes le dan todo el poder a los mercados (como si fueran los nuevos dioses) y tratan de justificar que no queda otro remedio que aguantar lo que está pasando, y nos cuentan que “esto es Europa, señoras y señores”.

Europa puede y debe ser otra cosa. Europa debe garantizar los derechos de su ciudadanía, la equiparación de oportunidades en todos los países que componen la Unión. La limitación de una vez por todas de las decisiones que primen los intereses económicos y financieros sobre los de las personas. En definitiva, Europa puede y debe ser social. Y está precisamente en nuestra mano, a través de nuestra participación, que sea posible.

Beatriz Talegón es secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas
@BeatrizTalegon