La decisión de repatriar a dos misioneros enfermos de ébola, enfermedad contagiosa con índices de mortalidad altísimos y para el que no hay cura es una decisión política, tomada por criterios políticos más que sanitarios. Se puede estar de acuerdo o no -y ese es otro debate- pero una vez que el Gobierno tomó la decisión asumió unos riesgos y unas responsabilidades políticas. Tomada la decisión se deben seguir unas pautas y directrices estrictas y, lamentablemente, se ha demostrado que en el caso español no ha sido así.

Consultar con los expertos antes de la repatriación
Repatriar a dos ciudadanos enfermos de ébola para que mueran en su país, es una decisión que una vez tomada implica otras muchas decisiones. La primera, antes de que lleguen los enfermos se ha de constituir ya un gabinete de 'crisis' formado por técnicos y expertos en la materia que asesoren a los políticos. Llegaron en agosto y aquí no se consultó con los máximos expertos en virología hasta el jueves ¡inaudito!

Decisiones de expertos
Ese comité de expertos, un comité científico, determina el dispositivo necesario. Y con la crisis del ébola descubrimos que una vez fuera del avión, el personal sanitario que atendió a los misioneros no había recibido la formación necesario y suficiente, que no había los trajes adecuados y que el hospital preparado a toda prisa para acoger a los enfermos tampoco estaba en condiciones. No se filmó todo el proceso de quitarse el traje por parte de los profesionales que atendieron ni estuvo supervisado por dos personas. Hubiera bastado con que la persona al frente del dispositivo hubiera llamado a Médicos sin Fronteras.

¿Alguien al frente?
Y esa es otra cuestión: ¿Quién ha estado al frente de toda esta operación? ¿Quién ha estado al frente del dispositivo médico? ¿Quién al frente políticamente? No se sabe. Y por tanto no se sabe quién fue el irresponsable que autorizó a la enfermera ahora contagiada a irse de vacaciones y a presentarse a unas oposiciones. Está absolutamente claro que nadie explicó a Teresa lo que podía o no hacer durante los 21 días de cuarentena preventiva a quienes han estado en contacto con enfermos de ébola.

¿Y la coordinación política?
En un episodio de estas características intervienen distintos sectores de la administración y varios ministerios. Por supuesto el de Sanidad, pero también el de Interior, el de Exteriores y el de Defensa. Y la coordinación política corresponde a la Vicepresidencia Primera del Gobierno. Durante los casi ocho años del Gobierno de Zapatero trabajé en la Secretaría de Estado de Comunicación y vivimos varias crisis graves, como por ejemplo la de la Gripe aviar. No se tomó una sola decisión sin hablar antes con expertos, la vicepresidenta coordinó siempre los equipos de trabajo, se daban las instrucciones y se daba la cara.

Información
Una de las claves en la gestión de las crisis es la información. Durante las varias que vivimos se estableció un protocolo que consistía en primer lugar en lo que no se debía hacer: no podía salir cualquiera a decir cualquier cosa. Por tanto se determinaban los portavoces, la información se ajustaba siempre a lo que decían los técnicos y en los días más críticos se sacaban cuatro notas de prensa con hora fija: a las 8 de la mañana, a las 12 del mediodía, a las seis de la tarde y entre las 9 y las diez de la noche.

Debe haber información y debe ser clara y veraz, siempre con lo que digan los expertos. Lo vivido en España con la rueda de prensa de la ministra y el descontrol posterior es de libro. Cualquier médico, cualquier persona dando ruedas de prensa a las puertas del hospital. la información es clave para evitar el pánico.

¡Nadie llama a la familia ni a los afectados!
El caso más clamoroso de caos y desorganización absoluta es el de la falta de una mínima consideración y humanidad hacia la familia de la enfermera y los vecinos de su bloque. Que nadie del Gobierno haya llamado a la pobre madre de Teresa, encerrada en su casa de Becerrerá (Lugo), desde que ingresó su hija es indescriptible. Ni siquiera de república bananera. Nadie llamó a los familiares por lo menos hasta este viernes, nadie llamó a los sanitarios en observación, nadie del Gobierno se presentó en el Carlos III o en el Hospital de Alcorcón hasta el viernes.

En todos los acontecimientos complicados que le tocó gestionar al Gobierno anterior puede que no todo fuera perfecto, pero la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega, el ministro o ministra de Sanidad o Exteriores o el propio presidente del Gobierno tenían en su agenda del día hablar con las familias. Y a veces se contaba a la prensa y a veces no. Es absolutamente inexplicable la falta de coordinación ministerial, la ausencia de la actual Vicepresidenta en toda esta crisis y la falta de sensibilidad. En el caso de la enfermera se ha llegado a la falta de respeto absoluta, a la indignidad de querer hacerle responsable a ella y solo a ella de una decisión que fue política.