"La situación en el ministerio es de enfrentamientos abiertos y cercana al caos..., con la gente dividida en bloques según amistades e incluso preferencias religiosas". Una persona que conoce en primera persona lo que sucede en Interior hacía un retrato así de alarmante del ambiente en el ministerio que, al menos en teoría, dirige Jorge Fernández Díaz.

El subsecretario amigo de la vicepresidenta
Y decimos teóricamente porque entre todos esos enfrentamientos, el que destaca sobre todos es el que mantiene el propio ministro con la vicepresidenta del Gobierno, a través de su hombre en Interior, el subsecretario Luis Aguilera. Un enfrentamiento que ha llegado a tal punto que, nos dicen, el ministro hace meses que no despacha, excepto en lo inevitable, con quien debiera ser su número dos y hombre de total confianza.



Tal y como nos lo cuentan, el bloqueo entre ellos se produjo cuando Fernández Díaz, con estupor, empezó a descubrir que llevaba temas al Consejo de Ministros que ya conocía hasta el mínimo detalle la vicepresidenta. Se dio en cuenta entonces que tenía el enemigo en casa: su subsecretario, colocado en el puesto por deseo de Sáenz de Santamaría.

El poder de los abogados del Estado
Aguilera es parte del 'ejército' de abogados del Estado, sus compañeros de carrera, que la vicepresidenta ha situado en puestos clave y con los que controla, en una especie de gobierno en la sombra, prácticamente toda la Administración y del que ya les hemos informado en otros momentos en ELPLURAL.COM.

Aún más, Aguilera es parte de la tan conocida promoción de 1996, una camada de cachorros que se graduaron coincidiendo con la formación del primer gobierno de José María Aznar, y rápidamente dieron el salto a la Administración. Tanto éxito y tan inmediato tuvieron en su colocación, que han pasado a identificarse, frente al resto de promociones, como 'la gloriosa'.

Aguilera, número 27 en el escalafón de aquel grupo, coincidió con el marido de la vicepresidenta, Ivan de la Rosa y, quizás aún más importante, con quien fue el número dos del clan, Jaime Pérez Renovales que, puerta giratoria mediante, fue 'niño mimado' de Rodrigo Rato, después alto directivo del Grupo Santander, subsecretario de la propia Soraya hasta hace pocas semanas, y ha vuelto ahora al Santander.

Un ministro con pocos amigos en su 'casa'
Fernández Díaz, detectado el submarino, ha intentado cortar la vía de escape de información que para él suponía su subsecretario, cerrándole la puerta a su despacho. El problema es que eso, evidentemente, ha provocado la multiplicación de capillas de fidelidades en un ministerio ya de por sí muy dividido.

Y es que, como informamos también en su momento, el ministro tampoco mantiene prácticamente relación con el Director General de la Policía, con el que mantiene enfrentamientos ya antiguos. "Es más los enfrentamientos también se están produciendo a veces -nos aseguran veteranos del ministerio- por las diferentes ramas religiosas, del Opus, Legionarios de Cristo.., a las que pertenece cada uno".

Ser hombre de Rajoy no es bastante
El ministro siempre ha creído que su excepcional relación personal con Rajoy le asegura un contacto privilegiado con el poder. Como contamos en este periódico, Fernández Díaz fue siguiendo a Mariano Rajoy durante casi todo su peregrinar por los ministerios que le iba encargando Aznar. Pero eso no le tranquiliza..., de hecho hace poco ha tenido otra ocasión de ver que está lejos de controlar su casa.

Nos referimos al cambio de la Directora General de Política, Cristina Díaz Márquez. Un personaje peculiar que ha dejado la peor imagen en el ministerio (de hecho se cuenta que incluso el chófer que tenía asignado, no hay que olvidar que se trata también de un funcionario policial, llegó a protestar y decir que su trabajo no consistía en pasar las mañanas de tienda en tienda), pero a la que se ha puesto puente de plata para ser sustituida por..., otro abogado del Estado, Juan José Molinos.

Mientras, advierten los funcionarios con los que hemos hablado, suceden cosas tan peligrosas como la investigación que lleva a cabo la Fiscalía General del Estado, que ha destapado recientemente ElConfidencial, y que tienen que ver con irregularidades en el concurso para la gestión de los datos en los procesos electorales. Un concurso cuyas bases, según el digital, la Fiscalía piensa que se habría filtrado para favorecer a una empresa en contra de la compañía semipública Indra.