Una de las imperfecciones de nuestro sistema democrático es que aún no ha acordado -e impuesto por ley- la celebración de debates electorales entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno. Pasados más de veinte años desde el primer debate televisivo entre Felipe González y José María Aznar, nuestros políticos han sido incapaces de ponerse de acuerdo en algo tan obvio. Todos son responsables, pero ha sido el PP quien más ha rehuido el compromiso. Lo que pierde diciendo no, lo recupera con los errores evitados al no comparecer. Aznar y Rajoy, en resumen, han acudido a los debates que les han interesado y les fue bien.

Ahora estamos en unos de esos momentos. Rajoy ha decidido no acudir al debate que promueve El País entre los cuatro candidatos a la presidencia, al tiempo que ¡exige! un debate con el socialista Pedro Sánchez, al que fija fecha. ¿Le saldrá la jugada? Le saldrá. Para él es toda una fortuna evitar esa secuencia sostenida en televisión, durante más de hora y media, enfrentado a tres leones políticos más jóvenes que él, agresivos, brillantes y aún bellos. Y si además se equivocara, o lograran enredarle, incluso le podrían abrir de nuevo el agujero de ese zurrón de votos, que tanto ha menguado en los últimos tiempos, y que sólo hace unos días mantiene controlado.

Su no comparecencia del lunes 30, sin embargo, no evita que deje de estar presente en el debate (¿dejará Prisa el atril vacío como anuncia?). Serán tres y un fantasma, pero los espectros son los símbolos que mejor se dejan manejar por el demagogo, el fabulador y el charlatán.

Ausente la persona de Rajoy, entonces, el adversario a alancear será Pedro Sánchez. En realidad si el “piquito” de Rivera y la agresividad risueña de Iglesias se ponen de acuerdo con la sombra de Rajoy,  le pueden hacer “la parisien” del juego del bridge al candidato socialista. Es decir, que el previsible juego de parejas (aunque infieles) de derecha contra izquierda, derive en un tres contra uno. Porque, aunque pocos lo comenten, el único que tiene algo perder en el torneo del lunes es el PSOE de Pedro Sánchez. Los votos en peligro del PP ya los ha soltado; Ciudadanos continúa de recolecta  y Podemos sigue esperando que los socialistas  desangren aún más.

Los grandes ideólogos de la comunicación política (esos dramaturgos del oportunismo) sostienen ahora que acabó el tiempo del político que ganaba elecciones declamando un relato de promesas y emociones que ellos mismos le preparaban. Afirman que hoy es tiempo de hechos, el elector está harto de promesas: a los corruptos se les echa, no quieren más leyes contra el robo.

Si este nuevo relato fuera cierto, ¿por qué el PP ganará las elecciones de nuevo? Definitivamente, los políticos no logran zafarse de los camelistas. Será su destino.