Nunca en democracia la derecha había acumulado tanto poder en nuestro país: a su mayoría "natural" en las áreas económica, judicial, eclesiástica y mediática, añade ahora los poderes municipal, autonómico y estatal. Se lo ha currado mucho, entre otras muchas cosas, con una militancia de a pie, entusiasta y movilizada, que los socialistas tendrían que envidiar. La clave del resultado del 20-N es que el PP ha mantenido la fidelidad de sus votantes, sin subir demasiado, mientras que, por el contrario, el PSOE ha perdido cuatro millones de las papeletas que en 2004 y 2008 le dieron la victoria.

Por supuesto, el margen de maniobra de Rajoy es muy escaso por la gravísima situación económica interna y por la vigilancia estrecha de Bruselas, el BCE, Merkel, los mercados, las agencias de descalificación…. Ahora bien, los nuevos recortes que Rajoy tendrá que efectuar muy pronto no estarán en contradicción con los principios y valores de una derecha mayoritariamente neoliberal, en contra de lo que le ocurría al PSOE de Zapatero.

En todo caso, la decepción de aquellos que crean que el PP va a hacer milagros llegará pronto y tendremos un 2012 caliente socialmente. En España no habrá crecimiento ni empleo, solo recortes. Así que, como la vida discurre hoy a velocidad de vértigo, la mayoría aplastante del PP podría erosionarse en tan solo una legislatura. Depende de lo que haga la oposición socialista, de si sabe encarnar polìticamente el descontento popular.

Lo urgente para el PSOE, cuya vocación natural debería ser la de portavoz y defensor de las clases populares y medias, es volver a conectar con la sociedad, empezando por su electorado perdido y las otras fuerzas de izquierda. Sin embargo, sus derrotados aparatchik ya han comenzado a adoptar el mantra de la derecha en los últimos siete años: "La culpa es de Zapatero". Es un truco evidente para que nada cambie en ese partido, para deshacerse del político leonés y seguir en sus cargos los demás.

El  error de Zapatero estuvo en que quiso hacer políticas progresistas de gasto sin hacer políticas progresistas de ingreso. Le fue bien con las vacas gordas, la fiesta terminó con las flacas y así llegó el tijeretazo de 2010. Ambas cosas, ausencia primero de reformismo socialdemócrata y luego contrarreforma social, fueron propiciadas por el candidato ahora derrotado, Rubalcaba, y sus amigos en el seno del PSOE y del Gobierno. El electoralista "giro a la izquierda" de Rubalcaba durante la campaña no fue creíble en absoluto. Como le dijo Rajoy en el debate televisado al escuchar propuestas como el impuesto a las grandes fortunas: “¿Eso se le ha ocurrido a usted en la última media hora? Porque durante sus siete años de gobierno no lo hicieron”.

Salvo para sus incondicionales en su partido y en los medios de comunicación, Rubalcaba nunca fue un candidato ilusionante. Cuando los jóvenes tomaban las calles, el PSOE, mejor dicho su cúpula. se refugió en el pasado felipista al escogerle sin el menor debate y sin la menor votación. Lo ha comentado hace poco The New York Times en un artículo titulado "La democracia española está envejeciendo".

Antes de pensar en reconquistar el poder, el PSOE tiene mucha tarea por delante: rejuvenecerse y poner al día sus ideas de política económica y social en un sentido distinto al "social-liberalismo" de Felipe y Zapatero. También democratizar su funcionamiento interno.

¿Serán capaces los socialistas españoles de hacer una renovación democrática, esto es, con amplia participación de las bases, como la encabezada por Milliband en el Labor (policy review), o como la que en Francia se ha traducido en unas primarias abiertas a todos los ciudadanos progresistas? Porque si vuelven a las andadas de candidato único providencial designado por los aparatchik proseguirán cavando su propia tumba, continuarán siendo poco atractivos para esos millones de españoles que bien podrían votarles la próxima vez.

Zapatero salió de un congreso con debate de ideas y varias candidaturas... y el político leonés le dio a su partido dos victorias consecutivas; Almunia y Rubalcaba fueron escogidos por el aparato puro y duro... y cosecharon monumentales batacazos. El electorado progresista aprecia la democracia interna.

Javier Valenzuela es periodista y escritor. Ha sido corresponsal de El País en Beirut, Rabat, París y Washington y director adjunto de ese periódico
Blog de Javier Valenzuela