"Media España, como mínimo, estaba a las 21 horas atenta a la pantalla para -esta vez con mucho más interés por razones obvias- ver y oír al Jefe del Estado. Sin que pueda equipararse el asunto de presunta corrupción del yerno de Juan Carlos I con la siniestra jornada del 23 de febrero de 1981, lo cierto es que la alocución de Su Majestad aquella noche tranquilizó a los ciudadanos y hundió, por fortuna, un golpe de Estado militar, fracasado fundamentalmente gracias a la firme actitud del monarca defendiendo la democracia recién recuperada".

Sopena añade que, a la hora de referirse a Urdangarin, se ha quedado corto. "En lugar de enviar un mensaje a la ciudadanía comprometiéndose a no tirar balones fuera, el Rey ha preferido refugiarse en una cortina de humo", sentencia.

“No es eso, no es eso, Majestad, lo que esperaba de usted, esta noche, la opinión pública española", reprocha Enric Sopean. "Decir a estas alturas del affaire que la 'Justicia es igual para todos' no sólo es un tópico, sino, según como se mire, una afrenta a cuantos lo pasan muy mal en la vida y terminan en la cárcel por delitos de menor cuantía".

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