Madrid, 20 de diciembre de 2016. El escenario, el restaurante La Paloma, en el Barrio de Salamanca, con cuatro símbolos de euro €€€€ en TripAdvisor. Son las 9 de la noche y Edmundo Rodríguez Sobrino, considerado el testaferro de Ignacio González y uno de los principales implicados en el caso Lezo se reúne con Ignasi Maestre, acusado de montar el entramado opaco de empresas del Canal de Isabel II en Latinoamérica. Pero hay otro invitado más oculto, un micrófono de la Guardia Civil que, entre otras cosas, capta a Edmundo Rodríguez presumiendo de “contactos”: “el que es muy amiguete mío, es el ministro de Justicia, Rafa Catalá, juego con él al golf todos los meses”.

Se trata de una grabación realizada por la Guardia Civil dentro de la investigación de la Operación Lezo, a la que ha accedido El Plural, y que fue entregada al Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional. En total, son dos horas de conversación al calor de los platos de La Paloma en los que la conversación se centra en cuentas bancarias en Andorra, residencias fiscales en Panamá y las sospechas de corrupción que ya ambos sabían que pensaban sobre ellos.

Por ejemplo, en uno de los pasajes, Ignasi Maestre comenta “a mí me han machacado... y... y en Andorra, trabajo con un solo banco, porque me han cerrado cuentas, además me lo han dicho claramente, si usted nos trae solamente dinero de aquí de Andorra vale, dinero de fuera no queremos saber nada”.

Cifuentes, la filtradora

En cierto momento, la conversación deriva hacia el Canal de Isabel II y a la compra de Emissao en Brasil, por la que Edmundo Rodríguez está siendo investigado. “Me están tratado de involucrar en el tema de Brasil”, dice Edmundo, que reconoce que “sí que es cierto que me salté ese acuerdo [excederse de sus poderes y saltarse a los intermediarios] porque era un acuerdo lesivo para la sociedad”.

En esos momentos, Edmundo Rodríguez ya estaba siendo señalado y empezaba a aparecer en varias noticias. Por eso, Ignasi Maestre le pregunta “quién da toda esta información” a los medios, a lo que Rodríguez contesta: “La Cristina Cifuentes, la jefa de Gabinete de Cristina Cifuentes es la que está filtrando todo, cuando hablan de administración desleal que yo ni sabía que existiera ese delito, lo acabo de leer por primera vez en mi vida”.

Poco después, Edmundo Rodríguez saca a colación su puesto de consejero en el periódico La Razón, que no le está dando mucho dinero y que casi prefiere jubilarse. Entonces, Maestre le señala que ese puesto le abre “un mundo de relaciones”. A lo que Rodríguez añade que “los contactos que me tengo son poquísimos, algunos curiosos. Porque por ejemplo el que es muy amiguete mío es el ministro de Justicia, cosa curiosa, Rafa Catalá, juego con él al golf todos los meses”.

Rodríguez añade que utiliza su amistad con Catalá para intentar cortar las alas a Cifuentes. “Le doy la vara, le cuento, es que esta tía es una zorra vale… ministro cojonudo es una zorra, vale, pero y… y… ¿y?”, le narra a Maestre, que termina la frase: “La vais a dejar que continúe mordiendo, o qué”. A lo que Rodríguez remacha: “La odia mucha gente, eh”.

La Guardia Civil termina resumiendo en su informe el final de la conversación sobre Cifuentes: “Ambos departen sobre lo bien que les va, a los que ellos se refieren como "ésta tía", con los de Ciudadanos, comentando EDMUNDO que la odia mucha gente. Así mismo EDMUNDO dice que ella lo que quiere es ser Presidenta del Gobierno. EDMUNDO comenta sobre la actuación de Ciudadanos a nivel nacional”.

Amistades peligrosas

Esta no es la primera relación sospechosa que salpica a Rafael Catalá. El ministro de Justicia fue el único que ha sido reprobado por el Congreso de los Diputados en democracia, junto al entonces fiscal general y al fiscal jefe de Anticorrupción, puesto que la mayoría del Parlamento consideró que se dedicaban a entorpecer las investigaciones de corrupción.

Esa reprobación llegó poco después de que se supiera que Catalá había escrito un mensaje a Ignacio González en respuesta a su enhorabuena por la elección para el cargo de ministro. El mensaje de Catalá decía "Gracias Nacho. Un fuerte abrazo. Ojalá se cierren pronto los líos". Aunque González ya tenía sobre él varias sospechas y un proceso judicial abierto por el ático de Marbella, Catalá defendió que su mensaje transmitía el “deseo” de que España “tuviese estabilidad”.

Pero no es el único caso. Durante el Congreso Nacional del PP, en febrero de 2017, Catalá fue grabado buscando al entonces presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, para reunirse en los pasillos. Era domingo y tras el encuentro, Sánchez canceló una rueda de prensa y se fue a casa. Al día siguiente se hizo público el auto del juez Velasco que le atribuía tres delitos en Púnica y se supo que la Fiscalía no había acompañado al juez.

Información privilegiada

Ese lunes y ese martes, Pedro Antonio Sánchez dio sendas ruedas de prensa en las que dio detalles del caso, de la acusación y de la posición de la Fiscalía que era imposible que conociera, por ser detalles inaccesibles para las partes personadas. El ministro de Justicia fue interrogado por este conocimiento del presidente murciano y apenas fue capaz de contestar más allá de que la información había pasado "por las manos suficientes como para que (Sánchez) haya oído hablar del asunto".

Además, Rafael Catalá también fue descubierto pasando un fin de semana en Baqueira Beret y se pegó una comilona en un restaurante del hotel mientras celebraba el cumpleaños del defraudador Manuel Torreblanca. Torreblanca, anfitrión del ministro, fue condenado a una pena de dos años de cárcel por siete delitos fiscales en junio de 2015, aunque no pisó la prisión gracias al trato laxo que le dieron la Fiscalía y la Abogacía del Estado.

El Plural preguntó al gabinete de Catalá si la estancia y el banquete en el Pirineo Catalán lo había pagado él o había corrido a cargo del defraudador. No obtuvimos respuesta. Igualmente, hemos preguntado al ministro sobre sus partidas de golf con Edmundo Rodríguez, con idéntico resultado.